El Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos, conocido como FBI, encendió de nuevo las alarmas sobre el papel del régimen de Cuba en actividades de espionaje contra territorio estadounidense.
A través de un material audiovisual difundido en sus plataformas oficiales, la agencia expuso con claridad que el castrismo continúa siendo una amenaza relevante en materia de inteligencia, pese a su limitado tamaño geográfico y su deteriorada economía.
El video, presentado bajo el título “Cuba: El espía del vecindario”, reúne a especialistas de la División de Contrainteligencia y Espionaje del FBI, quienes detallan décadas de operaciones encubiertas impulsadas desde La Habana contra Estados Unidos. En la conversación participaron figuras clave como Josh Obsfeld, alto responsable de compromiso externo de la división, junto a una agente especial identificada como Aliza y la analista senior Tiffany.
“Cuba, una pequeña nación insular situada a 90 millas de Estados Unidos, utiliza estrategias de contrainteligencia eficaces para frustrar los intereses estadounidenses”, se precisa en la publicación hecha por la agencia en la red social X.
Durante el intercambio, una de las afirmaciones más contundentes vino de la propia agente especial, quien dejó claro el nivel de eficacia alcanzado por los aparatos de inteligencia del régimen cubano.
Cuba una amenaza real
“Cuba ha golpeado muy por encima de su peso durante mucho tiempo. Para ser una isla tan pequeña, realmente ha sido una espina en nuestro costado porque son muy buenos en lo que hacen”, sostuvo Aliza en su intervención en el panel.
Las declaraciones refuerzan una tesis sostenida durante años por agencias de seguridad estadounidenses de que el régimen de Cuba ha priorizado sistemáticamente el espionaje como herramienta estratégica frente a Washington.
Según los expertos del FBI, esta política responde a la percepción del castrismo de que Estados Unidos representa una amenaza existencial, lo que ha llevado a invertir recursos constantes en inteligencia, incluso en medio de profundas crisis económicas.
En ese sentido, la analista Tiffany recordó uno de los momentos más críticos de la isla tras la caída de la Unión Soviética, subrayando que, incluso entonces, la maquinaria de espionaje castrista nunca se detuvo.
“En los años 90 atravesaban el Período Especial. Perdieron todos los subsidios soviéticos, pero sus servicios de inteligencia estaban financiados. Ahora la gente pregunta qué pasa con la economía de Cuba, pero va a ser lo mismo”, explicó.
El diagnóstico del FBI apunta a que el régimen castrista ha desarrollado una estrategia sostenida en el tiempo con tres objetivos claros: anticiparse a decisiones del gobierno estadounidense, recolectar información clasificada e influir en estructuras de poder dentro del propio sistema político norteamericano.
Punto de inflexión en el FBI sobre los alcances del espionaje cubano
Por su parte, la agente Eliza recordó que fue a finales de los años 80 cuando el FBI y la comunidad de inteligencia estadounidense dimensionaron plenamente el alcance de la amenaza cubana. Un punto de inflexión clave ocurrió en 1987 con la deserción de Florentino Aspillaga, un oficial cubano que reveló que numerosos supuestos activos de la CIA en la isla eran en realidad agentes dobles controlados por La Habana.
“Eso fue un golpe en el estómago”, reconoce Eliza al rememorar el impacto de aquellas revelaciones, que demostraron que gran parte de la información que Estados Unidos creía obtener estaba siendo manipulada por el régimen de Fidel Castro.
A partir de ese momento, las investigaciones revelaron la existencia de una red de penetración conocida internamente por los cubanos como “La Red”. Según la agente Eliza, se trataba de “un grupo heterogéneo de estudiantes que habían sido reclutados en universidades de la Ivy League que tenían algún tipo de ideología o consideraban la Revolución Cubana como algo aspiracional”.
Los servicios cubanos identificaron y reclutaron a estos individuos en etapas tempranas de su vida académica, aprovechando convicciones ideológicas más que incentivos económicos, lo que dificultó su detección posterior.
Según el FBI, este método ha sido particularmente efectivo porque permite insertar operativos dentro del sistema estadounidense desde edades tempranas, eliminando señales de alerta tradicionales.
“Con estas personas han llegado al gobierno ya reclutadas, ya motivadas. No hay cambios. Son una leyenda. Viven su vida”, advirtió Tiffany, enfatizando la sofisticación de estos perfiles.
Casos emblemáticos confirman el alcance de esta estrategia. Entre ellos destaca Ana Belén Montes, quien durante más de una década filtró información sensible desde la Agencia de Inteligencia de Defensa. Al ser condenada, declaró: “Obedecí a mi conciencia más que a la ley”, evidenciando el componente ideológico que sustenta estas operaciones.
También figuran Walter Kendall Myers y Gwendolyn Myers, condenados por transferir información clasificada al régimen, así como el caso más reciente de Víctor Manuel Rocha, considerado por las autoridades como uno de los infiltrados más dañinos en la historia reciente.

El FBI insiste en que enfrentar este tipo de amenazas implica un desafío mayor que el crimen convencional.
“No estamos buscando a alguien que robó un coche. Estamos enfrentándonos a gobiernos completos con aparatos dedicados a ocultar a sus agentes”, explicó Tiffany.
Las declaraciones de la agencia federal reafirman que, lejos de ser un actor menor, el régimen de Cuba continúa operando como una estructura activa de inteligencia hostil, capaz de infiltrarse, manipular y sostener operaciones a largo plazo dentro de Estados Unidos, consolidándose como una amenaza persistente en el tablero de la seguridad nacional.
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