La situación de Luis Manuel Otero Alcántara sigue siendo un misterio y esta vez, fue la Fundación Rafto la que encendió las alarmas ante la maquinaria represiva que opera en la isla.
Cabe recordar que el régimen cubano, en un acto típico de su naturaleza totalitaria, mantiene en la sombra a Otero Alcántara, utilizando métodos propios de las dictaduras más crueles para silenciar a quienes desafían su tiranía.
Esta organización internacional denunció lo que claramente constituye una desaparición forzada, un crimen que la cúpula ejecuta con total impunidad mientras el mundo observa la desfachatez de unos verdugos que no conocen límites legales ni morales.
El secuestro como arma de un régimen criminal
El pasado 7 de julio, los esbirros de la Seguridad del Estado sacaron de su celda a Luis Manuel Otero Alcántara, pocos días antes de que este cumpliera su injusta condena de cinco años. Desde ese instante, el vacío informativo es absoluto.
La dictadura, en su ejercicio habitual de opresión, impide que familiares o allegados conozcan el paradero, la salud o las condiciones de encierro de un hombre cuyo único delito fue alzar la voz contra el sistema. Esta táctica de tortura psicológica busca doblegar el espíritu de un activista que ya demostró ser inquebrantable frente a las fauces del poder.
Resulta indignante que el único rastro de vida hayan sido llamadas telefónica controladas, donde los mismos agentes que lo custodian no lo dejan ni siquiera un segundo libre.
Recientemente, Anamely Ramos afirmó haber hablado con Luis Manuel Otero Alcántara y afirmó que “está bien” según lo que él mismo dice, pero aún así, confiesa que su “voz no engaña”.
Violaciones sistemáticas y aislamiento total
La Fundación Rafto fue contundente al calificar este escenario como una violación flagrante del derecho internacional. El sistema judicial cubano, que en realidad es una extensión de la policía política, decidió que el encierro de un artista resultaba insuficiente y ahora apuesta por el aislamiento total y la incertidumbre.
La organización fue tajante al declarar: “Luis Manuel nunca debió haber sido encarcelado por ejercer pacíficamente su derecho a la libertad de expresión. Ahora incluso se está ocultando el lugar donde permanece detenido”.
Es evidente que la cobardía de quienes detentan el poder en Cuba no tiene techo, pues temen tanto la influencia de Luis Manuel Otero Alcántara que necesitan enterrarlo vivo en una mazmorra secreta.
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Esta infamia no es un evento aislado, sino el reflejo de un país donde la ley es papel mojado y el derecho a la vida queda sujeto al capricho de los tiranos de turno. La desaparición forzada que sufre hoy el líder del Movimiento San Isidro es un mensaje de terror enviado a cualquier ciudadano que ose disentir.
El aparato represivo utiliza este ocultamiento para sembrar miedo y desconcierto, pero olvida que la dignidad de Luis Manuel Otero Alcántara es un activo que no pueden confiscar con sus grilletes ni con sus desapariciones.
La exigencia de libertad ante la tiranía
La Fundación Rafto exige la revelación inmediata de su paradero y la liberación incondicional. Con el lanzamiento de la campaña #FreeLuisManuel, la presión internacional comienza a articularse contra esta tiranía que se desmorona.
Es imperativo que el régimen entienda que cada minuto que Luis Manuel Otero Alcántara pasa en el limbo es una mancha más en su ya putrefacto historial de abusos. La comunidad internacional tiene la obligación de no dejar morir esta causa, pues el silencio ante la brutalidad castrista solo alimenta la impunidad de unos criminales que, a estas alturas, ya no tienen nada que perder ni nada que ofrecer a un pueblo que exige libertad.