Todo ya estaba preparado, le embarcación estaba full de combustible y con provisiones para el largo viaje hasta Florida. Yuri Javier Portal Oliva, un joven del municipio de Boyeros, junto a unos amigos armaron con mucho sacrificio la balsa que los llevaría a la libertad, el sol brillaba y el mar estaba calmado, decidieron zarpar.
De pronto, a pocas millas de la Isla, un lancha rápida de los guardacostas cubanos comenzó a acercarse. Preocupados, intentaron acelerar, pero el motor adaptado a la balsa no era lo suficientemente poderoso para generar más velocidad.
Los oficiales del régimen le hacen un llamado para que se detengan pero estos hacen caso omiso, deciden continuar. Sin pensarlo, los uniformados arremeten contra la balsa ocasionando que la endeble embarcación sufriera un daño considerable y uno de sus ocupantes se desmayara.
El golpe originó que ambas botes se separarán, por lo que decidieron sacar sus armas y realizar varios disparos al aire, pero los balseros tienen en su mente a Estados Unidos y deciden seguir, es donde viene la segunda arremetida, más violenta y con más fuerza.
Esta vez, comprometen el tanque de la gasolina y dos balseros más salen heridos por lo que deciden parar.
Con la cabeza abajo, la frustración se hizo presente, los violentos soldados los obligaron a abandonar la balsa que tanto trabajo les costó armar, los esposaron y trasladaron hasta un barco madre, de allí los llevaron hasta Jaimanitas, al oeste de La Habana.
En la unidad de Guardafronteras los obligaron a declarar, además de imponerles multas de tres mil pesos y decomisarles los celulares para que no quedara evidencia alguna. Sin embargo, el grupo pudo ocultar un aparato con el que habían podido grabar parte de lo sucedido.
El grupo fue liberado en la mañana del siguiente día, no sin antes ser advertidos por un oficial, en tono amenazante, que había órdenes de no tener contemplación alguna con los que trataran de salir ilegal del país, y que los harían regresar “con maltrato o sin maltrato”.
Con información de CubaNet