¿Cómo hace un homosexual para sobrevivir al Servicio Militar?

Usar el término “maricón” para endosar errores. Mofas de compañeros y superiores, una presión física y psicológica de la que no muchos logran sobreponerse. De esto y más trata el relato de Ariel, un miembro de la comunidad LGBTI que en Cuba intenta sobrevivir al machismo dentro del Servicio Militar Activo

“Muchas veces me pongo tenso porque, si alguien hace algo mal, le preguntan si es maricón. También dicen que el Ejército es para ‘machos’, y yo me cuestiono por qué estoy aquí”, comenta para Diario de Cuba.

Vive en medio de la mentira, ocultando su preferencia, su verdadero yo que prefiere aún no sea revelado a su familia más inmediata: sus padres.

“Mis padres no saben que soy homosexual y no quiero que se enteren por ahora, así que cuando me reclutaron no dije nada”, relata Ariel, quien como la gran mayoría de los reclutas, preferiría estar en otro lugar distante a los maltratos de los oficiales pero debe formar parte de un servicio obligatorio.

No sólo formar parte del final de la cadena de mando es su reto, sino sobreponerse a la presión extra de ser homosexual.

Golpes: la respuesta

En todo este proceso, ha tenido que permear su conducta. Adaptarse al sistema, como explica, vivió una preparación previa, colocándose de ayudante del teniente de su compañía. “Gracias a que su familia podía hacer algunos favores (comida, dinero, ropa, turnos médicos) se vio libre de las horas de marcha continua y aun así confiesa haber sentido mucho miedo de sus compañeros”.

El primer día que se bañaron en las duchas comunes, recuerda que uno de los jóvenes tuvo una erección, lo que le costó una golpiza del resto, dejándole un par de dientes rotos y su brazo.

“Cuando el oficial a cargo se enteró del motivo, decidió tratar el asunto ‘entre hombres’ y dijo: ‘Ustedes no tiene que estar aguantando mariconadas de gratis’. Cambiaron al soldado de unidad y todo se quedó tranquilo”.

David cree que tuvo “bastante suerte”. Su unidad permanente es “muy relajada” y todos andan en lo suyo. “Fuera de tener que aguantar que me digan que me vaya a meter una pinga cada vez que hablo, me dejan tranquilo”, comenta.

Consiguió un puesto en el comedor y encontró un compañero que comparte su orientación sexual y están juntos cuando pueden. “Es para matar el tiempo”, dice. “No creo que dé para nada serio”.

Por su parte Felipe narra, que debe dormir al final del cuartel y poner un mosquitero, pues uno de sus compañeros le quitó el ventilador que llevó desde su casa.

“Me da miedo denunciarlo porque todo el mundo en la unidad sabe que soy gay”, explica. “Si mi mamá viene a reclamar el ventilador, se lo van a contar. Ella es cristiana y no lo va a aceptar”.

Dentro de la unidad, Felipe ha tenido relaciones con un par de soldados aún “tapados”, con novias y dando puñaladas como se supone, deben hacer los “hombres”.

Está la historia también de Carlos, un teniente, que aunque todos saben que es homosexual, nadie lo menciona de forma directa, sin embargo confiesa que debe “aguantar unas cuantas payasadas, como que me pongan guardias extra todos los meses”.

“Bromas” o abuso

Asegura que sus compañeros se niegan a hacer guardia con él, porque los turnos son en una oficina, de madrugada. “La mayoría de las veces se acuestan a dormir y yo tengo que hacer la guardia solo”.

Dentro del Servicio, el nivel de homofobia es alto y al ser identificados sufren discriminación, por lo que los jóvenes reclutas acostumbran a decir que permanecen en una prisión. Sin embargo, también usan la homosexualidad como “bromas. Cuando llega uno nuevo le tocan el trasero “o simulan violaciones” recoge el reportaje.

También son capaces de chuparle los pezones, el cuello, las orejas o morderle la espalda. Quienes no son capaces de tolerar el “juego”, terminan siendo víctimas de acosos más fuertes a futuro.
“Lo mejor es reírse, decir que te dio asco y cagarte en sus madres”, dice un soldado. “Y ya, te dejan tranquilo”.

Para ellos, los “machos pueden divertirse simulando una orientación sexual que dicen les es ajena, mientras segregan a aquellos que la asumen como propia”.

Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de Diario de Cuba

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