El huracán Melissa comenzó a alejarse de Cuba esta mañana, saliendo al mar por Banes, Holguín, pero no sin antes descargar toda su furia sobre el oriente del país, dejando un panorama de destrucción que evidencia, una vez más, la extrema vulnerabilidad de la infraestructura nacional y la previsible lentitud en la respuesta de la dictadura ante desastres de esta magnitud.
Según el Aviso de Ciclón Tropical N.° 25 del Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET), el centro del fenómeno se ubicaba a 45 kilómetros al sudeste de Banes a las 9:00 a.m., moviéndose hacia el norte-nordeste. Aunque su núcleo abandona el territorio, sus bandas de lluvia continúan castigando a unas provincias ya saturadas, donde las inundaciones no son solo una consecuencia del meteoro, sino también del colapso de sistemas de drenaje y de la falta de mantenimiento en ríos y presas.
El paso de Melissa, que tocó tierra como un categoría 3 y se debilitó a categoría 2 tras interactuar con la Sierra Maestra, ha dejado una estela de daños que las autoridades comunistas aún no se atreven a cuantificar oficialmente.
Sin embargo, los reportes extraoficiales desde el terreno hablan de comunidades incomunicadas, viviendas anegadas, techos desprendidos y cultivos arrasados en las provincias de Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas y Granma.
El INSMET mantiene una “estrecha vigilancia”, advirtiendo que las inundaciones costeras y fluviales pueden persistir, un recordatorio de que el peligro continúa incluso cuando el huracán ya se aleja del radar.
Mientras los organismos de Defensa Civil supuestamente inician las labores de evaluación y rescate, en las redes sociales y a través de contactos independientes, surge un relato paralelo al oficial: el de la auto-gestión ciudadana y la solidaridad vecinal para rescatar a personas y pertenencias, mientras se espera por una ayuda del régimen que, históricamente, ha demostrado ser lenta y falsa.
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Redacción Cubanos por el Mundo