Un nuevo informe del Departamento de Estado sobre Cuba, firmado por el secretario Marco Rubio, presentó este lunes la acusación más demoledora que un gobierno estadounidense haya hecho jamás contra el régimen de La Habana: durante casi siete décadas, Cuba ha librado una campaña sostenida de espionaje y subversión para infiltrar los niveles más altos del poder en Washington y para armar, financiar e inspirar a la izquierda radical dentro de Estados Unidos.
El informe del Departamento de Estado sobre Cuba, un documento de unas 100 páginas que la prensa hispana ya reseña como “La larga sombra de La Habana”, no se anda con rodeos desde su primera línea: “Durante casi siete décadas, el régimen cubano ha librado una campaña sostenida de subversión contra Estados Unidos”, sentencia el documento.
En sus páginas, el informe del Departamento de Estado sobre Cuba llega a acusar a La Habana de librar nada menos que “una revolución contra la propia civilización occidental”. Una campaña que, según el propio texto, “ha infiltrado los niveles más altos del Gobierno de EE.UU., reclutado y cultivado a generaciones de activistas estadounidenses, respaldado una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo estadounidense y ejecutado una de las penetraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas de la historia de Estados Unidos”.

Y por si alguien dudaba del mensaje político, Marco Rubio lo firmó de su puño y letra.
“Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido el principal patrocinador del izquierdismo radical y del Tercermundismo en Estados Unidos. El Departamento de Estado está exponiendo la historia completa del espionaje y la subversión cubana en nuestro país. El pueblo estadounidense merece saberlo”, escribió el secretario de Estado.
Una isla en bancarrota, una máquina de espías “más hábil que la KGB”
El informe del Departamento de Estado sobre Cuba traza un contraste que resultará familiar para cualquier cubano: un país en ruinas, con una economía crónicamente fallida, capaz sin embargo de operar durante más de medio siglo en el centro de una vasta red hemisférica de subversión. “En contraste con cualquier otro aspecto del Estado fallido de Cuba, este modelo ha rendido un éxito notable”, admite el documento con crudeza.
La joya de esa maquinaria es la Dirección de Inteligencia cubana, a la que el informe del Departamento de Estado sobre Cuba describe como “mucho más hábil y sofisticada” que la propia KGB soviética. Incapaz de derrotar jamás a Estados Unidos en un enfrentamiento militar convencional, La Habana, dice el reporte, perfeccionó “un nuevo modelo de guerra larga de desgaste”, articulado en torno al espionaje, la infiltración, el sabotaje, las redes de agentes y una infraestructura revolucionaria diseñada para “poner a América contra sí misma”.
Los topos que se sentaron en el corazón de Washington
La acusación no es teórica. El informe del Departamento de Estado sobre Cuba recuerda que agentes cubanos lograron infiltrarse durante décadas, sin ser detectados, en el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono. Entre los casos que la prensa asocia al reporte figuran algunos de los golpes de inteligencia más humillantes sufridos por Estados Unidos:
- Ana Belén Montes, la analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) que espió para La Habana durante 16 años.
- Víctor Manuel Rocha, exembajador estadounidense que confesó haber trabajado en secreto para Cuba durante más de cuatro décadas.
- Walter Kendall Myers, analista del Departamento de Estado condenado por pasar secretos al régimen castrista.
Tres nombres, tres traiciones y una misma conclusión del informe del Departamento de Estado sobre Cuba: la penetración cubana fue “una de las más duraderas y dañinas de la historia de Estados Unidos”.

De las Panteras Negras a Antifa: la fábrica ideológica del castrismo
El capítulo más explosivo del informe del Departamento de Estado sobre Cuba, sin embargo, no es el del espionaje clásico, sino el de la guerra ideológica.

Según el documento, desde los años sesenta el régimen se convirtió en “el corazón palpitante” de una forma nueva y distinta de marxismo, forjada en torno a un resentimiento y odio fundamental hacia Estados Unidos y hacia Occidente.
La Habana, sostiene el informe del Departamento de Estado sobre Cuba, dedicó recursos y aparato a reclutar, cultivar y movilizar una coalición global de activistas, intelectuales y grupos políticos, tejiendo una red revolucionaria que moldeó “una porción desproporcionada de los movimientos extremistas más famosos e influyentes de América, desde las Panteras Negras y el Weather Underground hasta Antifa”.
La isla, recuerda el reporte, se convirtió además en “el refugio predilecto para terroristas estadounidenses fugitivos” que huían de la Justicia de EE.UU. por atentados con bombas, robos a mano armada y asesinatos. Todo ello coronado por la Conferencia Tricontinental de La Habana de 1966, señalada como el acto fundacional del Tercermundismo como proyecto revolucionario global.

Del pasado al presente: las redes que siguen activas hoy
El informe del Departamento de Estado sobre Cuba insiste en que esa red no es historia antigua. Según el texto, mantiene vínculos con organizaciones sin fines de lucro de izquierda, colectivos, grupos socialistas y organizaciones militantes marxistas que operan hoy en Estados Unidos.
Entre las estructuras citadas por el reporte y su cobertura aparecen Code Pink, The People’s Forum, los Socialistas Democráticos de América (DSA) y la Red Nacional sobre Cuba (NNOC), presentada como una coalición que enlaza al aparato de La Habana con la izquierda estadounidense contemporánea , incluida, según reseñó Infobae, su cercanía con figuras del ala socialista como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.

La ofensiva no se queda en el papel. La semana pasada, Marco Rubio encabezó en Washington una reunión con delegaciones de 65 naciones para coordinar una respuesta internacional a lo que definió como el resurgimiento del “terrorismo político de extrema izquierda”. Y en paralelo, el Gobierno actuó: Fernando González Llort, uno de los espías de la llamada “Red Avispa” (los Cinco), que cumplió 15 años de prisión en EE.UU. y hoy preside el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), vuelve al centro del escrutinio, mientras que el exfuncionario del ICAP Carlos Antonio Lloga Domínguez fue detenido a finales de junio.
La lectura para el exilio cubano
Para los cubanos dentro y fuera de la isla, el informe del Departamento de Estado sobre Cuba pone sello oficial a lo que el exilio ha denunciado durante generaciones: que el régimen de La Habana nunca fue solo una dictadura fracasada de un pequeño país caribeño, sino un exportador profesional de subversión que convirtió el antiamericanismo en su principal industria y en su única política exterior verdaderamente exitosa.
“Es imposible entender la Cuba moderna sin entender primero este carácter único y distintivo”, resume el documento. Su verdadero objetivo, concluye, “por encima de cualquier enemigo pasajero, siempre ha sido Estados Unidos”.
El Departamento de Estado promete que este es apenas el comienzo de una desclasificación mayor. Por su parte, Marco Rubio lo dejó claro con seis palabras que ya circulan como advertencia para Washington y La Habana: el pueblo estadounidense merece saberlo.

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