Investigador advierte sobre fanatismo religioso en Cuba

Aunque las comunidades de creyentes conviven en la Isla en un ambiente de respeto, flexibilidad y tolerancia —según afirma el investigador Johan Moya—, el país expresa ejemplos en su historia contemporánea de fenómenos de fundamentalismo y fanatismo religioso, advirtió el estudioso en un artículo que reseña Inter Press Service (IPS).

El investigador reseña los hechos registrados en agosto del año 2011, cuando cerca de 100 fieles se recluyeron en la iglesia Evangélica Pentecostal Fuente de Vida de las llamadas Asambleas de Dios, en la avenida capitalina de Infanta, en Centro Habana.

“Llama muchísimo la atención cómo este hecho ha pasado peligrosamente al olvido (…) un caso donde el fundamentalismo y el fanatismo religiosos se dieron estrechamente la mano como nunca antes había sucedido en Cuba”, resaltó Moya en el último número de la revista Espacio Laical, del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana.

“Por otra parte, los sucesos que allí ocurrieron y sus respectivas consecuencias, no han salido a la luz pública, ni se ha hecho un debate esclarecedor sobre ello”, cuestionó el investigador en el artículo titulado “Fundamentalismo y fanatismo religioso en Cuba: una historia casi desconocida”.

El autor recordó que, desde el año 2010, las revelaciones y profecías del exreverendo Braulio Herrera, quien decía seguir órdenes de Dios, comenzaron a generar problemas y divisiones internas en el seno de los feligreses, al expresar con carácter profético una doctrina llamada de “la perfección”, adversa al corpus doctrinal de su iglesia.

Al empeorar la situación, las máximas instancias de la congregación resolvieron quitarle las credenciales como pastor y ordenarle a él y su familia (esposa y tres hijos) abandonar la vivienda que ocupaban en los altos del templo, petición que rechazó.

“Aquí los problemas de orden escatológico del líder profético se mezclaron con sus problemas terrenales. Braulio y su familia no eran de La Habana y su única residencia hasta ese momento era la casa pastoral. ¿Estaba defendiendo Braulio un mandato divino o protegiendo sus intereses más básicos en el reino de este mundo, como el de un techo donde vivir?”, se cuestionó el especialista.

Durante semanas él y sus seguidores se recluyeron en el templo. El grupo comenzó a adquirir rasgos de una secta, pues veían al pastor como un profeta y sus argumentos eran incuestionables.

Un elemento adicional que resalta al análisis  fue “el mensaje tremebundo impregnado de catastrofismo”, asegura Moya en su artículo. El “profeta” anunció un evento apocalíptico que se cernía sobre Cuba “por sus pecados y pactos con el demonio”, agregó.

Según el texto de Moya, los sectarios abandonaron sus trabajos, muchos rompieron sus lazos familiares, otros vendieron sus residencias; cortaron todo vínculo con la realidad, “se encerraron en una turbia burbuja de exaltación y pretendida iluminación divina”.

Aunque, afortunadamente, nada ocurrió en la fecha del supuesto apocalipsis; el colectivo acantonado se mantuvo a la espera del juicio divino y fue postergando su fecha.

Moya aseguró que el asunto se zanjó con la intervención de las autoridades. Según el investigador, estas tomaron el templo y dieron fin a aquella “historia de enajenación”, de una manera en que “no hubo golpes ni agresiones físicas, y todo se filmó para que quedara constancia de la forma pacífica en que se desalojó a los sectarios”, detalló.

En referencia a la cobertura mediática del suceso, criticó que “los medios nacionales le dedicaron una nota oficial en el Noticiero Nacional de Televisión y en el periódico Granma, casi quince días después que la noticia había saturado las redes sociales del mundo”.

La nota hizo mención a una “situación inusual” y de un “retiro a puertas cerradas”. En ningún momento se mencionaban términos exactos como: sectarismo, fanatismo religioso o fundamentalismo, advirtió.

Estudiosos de grupos milenaristas y sectarios coinciden en que detrás de fenómenos como estos se esconde una gran decepción por el orden sociopolítico y económico donde se desarrolla la vida de estas personas, así como una crisis de fe, que exige una trascendencia en el plano espiritual, explicó el autor.

A su criterio, tales hechos son la triste muestra de que la fe puede ser desviada de su propósito trascendente y convertirse en un producto negativo para la vida.

Con información de Diario de Cuba

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