Fiscales federales de EE.UU. investigan a Gustavo Petro por narcotráfico: el último bastión de Cuba en Latinoamérica bajo la lupa de Washington

Fiscales federales de Estados Unidos investigan a Gustavo Petro por narcotráfico, para determinar si el mandatario izquierdista mantuvo vínculos con organizaciones del narcotráfico, según reveló este viernes The New York Times y confirmaron múltiples medios internacionales.

La noticia sacude no solo a Colombia sino a toda la región, donde Petro representa hoy uno de los últimos apoyos vivos del eje autoritario de izquierda que encabezan Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Las fiscalías de Manhattan y Brooklyn investigan a Gustavo Petro por narcotráfico

De acuerdo con las revelaciones, las oficinas de fiscales federales de los distritos de Manhattan y Brooklyn, especializadas en crimen organizado transnacional y narcotráfico internacional, llevan adelante pesquisas paralelas pero coordinadas sobre el entorno político del presidente colombiano. Las investigaciones cuentan con el respaldo directo de agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y del Homeland Security Investigations (HSI), dos de las agencias más poderosas del sistema federal antidroga estadounidense.

Entre los aspectos que se están examinando se incluyen presuntas reuniones de Petro con narcotraficantes y la posibilidad de que su campaña presidencial de 2022 haya solicitado o recibido donaciones provenientes de organizaciones criminales. Asimismo, las pesquisas contemplan el análisis de supuestas gestiones para impedir extradiciones hacia Estados Unidos, una acusación que resonará con particular fuerza dado el historial político del mandatario.

Fuentes consultadas por los medios internacionales aclaran que la investigación sobre Gustavo Petro y sus presuntos vínculos con el narcotráfico se encuentra en fase preliminar y que no está claro si derivará en cargos penales formales contra Petro. Algunas fuentes indican que el comunista no sería el objetivo principal de todos los casos, sino que su nombre habría emergido durante pesquisas más amplias sobre redes de narcotráfico y narcoterrorismo activas en Colombia y la región.

Trump, la DEA y la presión creciente sobre Bogotá

El escándalo se produce en el marco de una relación profundamente deteriorada entre Washington y Bogotá. El presidente Donald Trump ha atacado públicamente a Petro en múltiples ocasiones, acusándole de permitir la expansión del narcotráfico en el continente y de proteger a organizaciones criminales bajo el paraguas de su fallida política de “paz total”. La administración Trump llegó incluso a amenazar con sanciones arancelarias a Colombia a principios de 2025, en una disputa diplomática que forzó a Petro a ceder ante presiones migratorias.

Gustavo Petro, por su parte, ha negado sistemáticamente cualquier vínculo con el narcotráfico y ha intentado capitalizar reducciones en el cultivo de coca como argumento de defensa. Sin embargo, el propio fracaso de su estrategia de paz con las disidencias de las FARC —que aprovecharon los ceses del fuego para consolidar poder territorial y económico— ha debilitado su credibilidad en materia de seguridad.

El último aliado de Cuba: Gustavo Petro investigación por narcotráfico y el eje de las dictaduras de izquierda

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Más allá de la investigación judicial, el caso Petro tiene una dimensión geopolítica que no puede ignorarse: el presidente colombiano es, junto a los regímenes de Venezuela y Nicaragua, uno de los tres únicos aliados que le quedan al régimen castrista en América Latina.

Mientras la región ha virado progresivamente hacia gobiernos más moderados o directamente contrarios a La Habana, Bogotá bajo Petro se convirtió en una de las pocas capitales latinoamericanas que mantuvo lazos cálidos con el régimen de Miguel Díaz-Canel. Petro se opuso a la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua de cumbres hemisféricas; participó activamente en el bloque del ALBA y la izquierda radical continental; y fue un defensor consistente de Nicolás Maduro cuando el resto del mundo democrático exigía reconocer el fraude electoral venezolano de 2024.

Esta alineación ideológica no es un accidente ni una casualidad diplomática. Es un patrón que analistas, gobiernos y organismos de seguridad llevan años documentando: la izquierda radical latinoamericana —de la que Petro es expresión directa— ha operado históricamente en una zona gris donde el discurso político se entrelaza con el financiamiento del crimen organizado, el narcoterrorismo y la protección de estructuras ilegales. No en vano, el propio Petro fue militante del M-19, un grupo guerrillero colombiano, antes de dar el salto a la política electoral.

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La izquierda criminal: un patrón que se repite

El caso Petro no es un hecho aislado. Es el más reciente capítulo de un patrón que confirma lo que sectores democráticos en América Latina y Estados Unidos señalan desde hace décadas: la izquierda radical del continente ha representado, en múltiples casos documentados, la confluencia del terrorismo, el narcotráfico y el autoritarismo.

Cuba financia desde hace décadas operaciones de inteligencia y desestabilización en la región. Venezuela, bajo Maduro, fue designada por el Departamento de Justicia de EE.UU. como un narcoestado cuyos propios funcionarios fueron procesados por narcotráfico. Nicaragua, bajo Daniel Ortega, opera como una dictadura familiar que persigue a la Iglesia, encarcela a opositores y colabora abiertamente con el crimen transnacional. Y ahora Colombia, bajo Gustavo Petro, enfrenta una investigación por vínculos entre su gobierno y las mismas redes criminales y de narcotráfico que ha prometido combatir.

Este eje del mal ideológico —como lo han denominado analistas conservadores y líderes del exilio cubano, venezolano y nicaragüense— no solo representa una amenaza para la democracia de sus propios países, sino para la estabilidad regional y los intereses de seguridad de Estados Unidos.

¿Qué sigue para Petro?

Por ahora, el gobierno colombiano no ha emitido comentarios oficiales sobre el avance de las investigaciones, y las autoridades estadounidenses tampoco han confirmado públicamente los detalles del proceso. El futuro de las pesquisas es incierto, pero su sola existencia —reportada por The New York Times y confirmada por agencias internacionales— representa un golpe político de enorme magnitud para un presidente que cumple mandato hasta agosto de 2026 y cuyo legado ya está marcado por el fracaso de la paz total, la crisis económica y el creciente aislamiento internacional.

Lo que sí está claro es que Petro ya no puede presentarse ante el mundo como un demócrata de izquierda moderada. La combinación de su alineación con las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y ahora las investigaciones federales en Estados Unidos por narcotráfico, consolida una imagen que sus críticos llevan años construyendo: la de un líder que representa no solo una opción política diferente, sino la cara visible de un modelo que mezcla la retórica progresista con la protección de los intereses criminales que más daño hacen a los pueblos latinoamericanos.

Fuentes consultadas: The New York Times, Infobae, Euronews, Univisión, Vanguardia (Colombia), Diario Libre, HSB Noticias, N Digital.

Redacción Cubanos por el Mundo

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