El expresidente de Colombia, Iván Duque Márquez, volvió a colocar en el centro del debate regional el historial del régimen cubano como promotor de inestabilidad en América Latina.
Durante su participación en el foro “Freedom and Democratic Renewal in Latin America”, organizado por la National Endowment for Democracy (NED) durante este mes de abril en la capital estadounidense, el exmandatario colombiano (2018-2022) pronunció un discurso que no dejó espacio para ambigüedades sobre la influencia del castrismo en la región.
En un fragmento difundido en su cuenta de X, Iván Duque sentenció con claridad que la dictadura castrista ha sido cómplice de grupos terroristas como las FARC.
“El régimen de Castro en Cuba destruyó libertades y apoyó grupos terroristas como FARC, ELN y M-19. Hoy más que nunca debemos alzar la voz en defensa de la democracia en la región”, precisó en el tuit Iván Duque.
De igual manera, el expresidente de Colombia habló con la vehemencia que lo caracterizó durante su gobierno. En el video, visiblemente enfocado en la audiencia de defensores de la democracia, el exlíder colombiano detalló cómo el modelo castrista, que se autoproclama “revolucionario”, ha erosionado sistemáticamente cualquier forma de libertad y ha servido de plataforma para operaciones que desestabilizaron a naciones vecinas.
En ese sentido, Iván Duque rememoró décadas de evidencia documental sobre el respaldo cubano a la insurgencia armada colombiana, desde entrenamiento militar y logística hasta refugios seguros para cabecillas.
“Cuba ha sido una de las dictaduras más brutales, o los dictadores cubanos, es uno de los regímenes más brutales que esta región haya visto jamás. Han destruido cualquier forma de libertad”, agregó el expresidente en su intervención.
Iván Duque contra la dictadura castrista
Cabe recordar que durante su presidencia, el líder político enfrentó directamente a La Habana tras el atentado del ELN contra la Escuela de Policía General Santander en Bogotá, el 17 de enero de 2019, que dejó 23 muertos y decenas de heridos.

Colombia reactivó entonces las órdenes de captura contra los miembros del Comando Central (COCE) del ELN que se encontraban en Cuba como parte de un fallido proceso de paz heredado del gobierno anterior. Duque exigió su extradición inmediata, revocó las condiciones que les permitían permanecer en la isla y advirtió que, de no cumplirse, procedería a denunciar internacionalmente a Cuba como Estado promotor de terrorismo ante la Organización de las Naciones Unidas. La Habana respondió con silencio y acusaciones de “hostilidad”, lo que llevó a una ruptura casi total de las relaciones diplomáticas bilaterales.
En septiembre de 2019, Iván Duque amenazó explícitamente con llevar el caso ante la ONU si Cuba no entregaba a los negociadores del ELN. En múltiples intervenciones públicas, el entonces presidente recordó que Fidel Castro y su sucesor Raúl Castro habían proporcionado apoyo logístico, financiero y propagandístico a las FARC, el ELN y el M-19 durante los años ochenta y noventa.
Documentos desclasificados y testimonios de exguerrilleros demuestran que La Habana sirvió como base de operaciones y centro de formación ideológica para estos grupos, que dejaron miles de víctimas en Colombia. Incluso después de dejar el poder, Duque mantuvo la misma línea. En mayo de 2024, al conocer la decisión de Estados Unidos de retirar a Cuba de ciertas listas restrictivas, declaró tajante: “Aunque el terrorista se vista de revolucionario, terrorista se queda”.
En otra ocasión, Duque criticó duramente la “idolatría” de sectores de la izquierda regional hacia el modelo cubano, acusándolo de incubar tragedias que luego se atribuyen a otros factores.
Estas denuncias adquieren hoy un peso particular. Las declaraciones de Duque coinciden con un momento de máxima tensión entre Estados Unidos y Cuba. Tras las acciones estadounidenses en Venezuela, que incluyeron la captura de Nicolás Maduro y el bloqueo efectivo de rutas petroleras hacia la isla, Washington ha endurecido su estrategia con respecto a Cuba.
La administración Trump ha impuesto sanciones secundarias a buques que transportan combustible, condicionado cualquier alivio económico a la liberación de presos políticos de alto perfil y exigido reformas estructurales que impliquen un cambio de régimen antes de finales de año. Reuniones diplomáticas de alto nivel se han realizado recientemente en La Habana, según confirmaciones oficiales cubanas, pero el tono de Washington sigue siendo de presión máxima: acceso condicionado a tecnologías como Starlink a cambio de aperturas económicas y políticas.
En este contexto, la voz de Iván Duque resuena como un recordatorio incómodo para quienes pretenden minimizar el papel histórico de Cuba en la desestabilización regional. El exmandatario, alineado históricamente con una visión anticomunista y proestadounidense, no solo denuncia el pasado; advierte sobre el presente.

Vale destacar que Cuba sigue siendo un actor clave en el respaldo a regímenes autoritarios como el de Maduro y mantiene vínculos con grupos residuales de la insurgencia colombiana. Para Duque, el castrismo no es un vestigio inofensivo de la Guerra Fría, sino un modelo que continúa exportando inestabilidad bajo la bandera de la “solidaridad antiimperialista”.
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