El régimen castrista detuvo arbitrariamente al reconocido escritor Jorge Fernández Era durante la tarde del miércoles en La Habana, sumando otro episodio de hostigamiento contra la intelectualidad libre en la isla.
La información fue difundida por el propio afectado mediante una denuncia pública en sus redes sociales, detallando el procedimiento represivo ejecutado por los esbirros de la tiranía.
El arresto ocurrió pasadas las 2:15dd la tarde en las inmediaciones del parque Santos Suárez, cuando una patrulla con cuatro agentes interceptó al intelectual mientras este caminaba por la intersección de Santa Emilia entre San Indalecio y Rabí.
Bajo el pretexto ridículo de considerarlo sospechoso por entrar a varios comercios buscando cigarrillos, los sicarios policiales procedieron a esposar a Fernández Era.
“Ciudadano, su carnet de identidad… Móntese”, ordenó uno de los oficiales durante el abordaje violento, según relató el intelectual sobre el inicio de su retención ilegal.
Posteriormente, la caravana de la policía política enrumbó hacia la unidad de Zanja, aunque los registros de la detención fueron asentados con total irregularidad en la estación de Lawton por orden de la seguridad del régimen.
“Buscaba cigarros. Actualíceme: ¿Está prohibido fumar?”, cuestionó el periodista ante las justificaciones absurdas de los captores, quienes ya mantenían un operativo de vigilancia desde la madrugada.
Dentro del calabozo, el escritor fue sometido a un interrogatorio, quien intentó presionar una rendición política mediante acusaciones gastadas de mercenarismo y actividades contra la supuesta revolución cubana.
“La contrarrevolución la representan ellos y todos los que bien viven a costa del sacrificio, el silencio y la doble moral del pueblo”, sentenció Jorge Fernández Era frente al teniente coronel que dirigía la coacción.
A pesar de que los sicarios simularon un trato ético en esta ocasión, el escritor permaneció confinado en celdas inmundas hasta las 11:33 de la noche, momento en que la dictadura decidió, por fin, irse de ese repugnante lugar.
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Así, el opositor prefirió enfrentar la oscuridad de las calles habaneras antes que permanecer un minuto más bajo la custodia de los organismos de represión del castrismo.
Redacción de Cubanos por el Mundo