Sí vivir en Cuba de por sí ya es difícil, debido a las limitaciones impuestas por la dictadura, mucho más lo es para los jóvenes que, aislados en las montañas de Guantánamo, no cuentan con electricidad, sistemas de arados, regadíos, caminos en buenas condiciones ni transporte público, mucho menos mercados u hospitales. Los campos, aunque muy fértiles, están envejeciendo aceleradamente en la región. Según publica Havana Times.
“Trabajar la tierra es demasiado sacrificado y al final los que más ganan no son los que echan la gota gruesa en el fango, sino los intermediarios y vendedores. Por eso yo me convertí en vendedor, y es a lo que me dedico aquí en Guantánamo. Para esa nueva labor me sirve mi familia y los nexos que tengo en Yateras” cuenta un joven emigrante José, que estudio hasta el 12mo grado en un pre en el campo en la Bamba, Yateras.
Salió de Palenque de Yateras, el segundo municipio productor de café de la provincia, porque no le gustó la labranza y, como bien señaló, porque no encontró ningún estímulo para el trabajo agrícola, sólo una burda explotación.
Mientras que Rafael Ernesto, de 34 años, se mudó de Valle de Caujerí al sur de Guantánamo, en donde ahora trabaja como vendedor al igual que José.
“En realidad el Valle no es un lugar malo para vivir, la tierra allí es prodigiosa. Yo me fui de allá, porque vivía en un zona donde todavía no ha llegado la electricidad, o mejor dicho, hay, pero solo unas pocas horas diarias en la noche. El aburrimiento es extremo. Hay que caminar varios kilómetros hasta Guaibanó donde sí hay fluido eléctrico y un poco de desarrollo social, para ver lo que en cualquier comunidad: escuelas, bodegas, mercados, Casa de Cultura, banco”.
Sin oportunidad laboral
Marbelis, una profesora de canto en la Enseñanza Primaria, se licenció en Estudios Socioculturales hace varios años. Ella es original de Maca, un poblado intrincado del municipio de Niceto Pérez, un lugar en el que todavía habita mucha gente, pero cada vez menos jóvenes.
“Yo me gradué como instructora de arte, por el llamado que hizo Fidel, y más tarde realicé la licenciatura, pero después de finalizar el Servicio Social dejé de trabajar en eso, porque son muy pocas las escuelas y ya tienen dos personas en ese puesto. No me quedó más remedio que insertarme en la ciudad, porque no sé hacer otra cosa”, comentó.
Según datos recientes ofrecidos por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI), los que más emigran son las personas con edades de 15 a 39 años, que después de orientarse a cualquier profesión o estudiar alguna carrera universitaria no regresan a sus pueblos de orígenes.
Sin transporte ni hospitales
Los pobladores también se quejan de que ante cualquier emergencia, pasan mucho trabajo para llegar a un hospital. No sólo por el mal estado de los caminos, sino que además resulta muy difícil encontrar un medio de transporte, los públicos no existen, y los privados, cuando se encuentran, cobran precios demasiado altos.
De acuerdo con datos ofrecidos por la ONEI, de los dos millones 554 mil habitantes de zonas rurales que se registraron en 2015, pasarán a ser unos dos millones 127 mil para el 2050.
La cadena de emigración que comienza en las tierras más fértiles del país, paradójicamente, podría terminar en cualquier suelo internacional, porque una vez que los jóvenes campesinos salen del aislamiento de la sierra guantanamera, descubren un mundo con múltiple de opciones, que les hace sentir, en muchos casos, que han perdido el tiempo labrando su propia tierra y que hay un universo dentro y fuera de Cuba, esperando por ellos.
Redacción Cubanos Por El Mundo