La doble cara de Jorge “Pichi” Perugorría: Entre el “blanqueamiento” institucional, bacanales y favores

Privilegios de construcción otorgados por el Primer Ministro de Cuba, vacunas exclusivas gestionadas por directivos de salud y hasta la presunta presencia repetida en su casa de un fotógrafo cercano a Jeffrey Epstein: la vida de Jorge Perugorría es el mapa perfecto de cómo funciona la impunidad en la Cuba oficialista.

Más allá de su reciente y polémica réplica en Málaga, la que ya hemos abordado aquí con anterioridad, existe un historial de “quinta columna” y favores recíprocos con la seguridad del Estado que explican por qué el actor se ha convertido en el mediador favorito del sistema. Entre el lujo de Nuevo Vedado y los secretos enterrados en Santa Fe, la figura del protagonista de Fresa y Chocolate se desmorona ante evidencias que van desde el tráfico de influencias hasta la complicidad silenciosa.

Por estas horas muchos en el “planeta llamado Cuba” están molestos por lo que dijo Jorge “Pichi” Perugorría. Yo no vengo a hacer el recuento de lo que dijo él, ni de lo que dijo cada cuál en su contra, pero sí quiero hacer notar algunas cosas.

Una, es la propuesta que le lanzó Ian Padrón en su perfil de Facebook a “Pichi”, invitándolo a debatir “Con Derecho a Réplica” sobre lo dicho por él en Málaga. Resulta obvio que “Pichi” no aceptará, porque como bien reza el refrán, una cosa es con guitarra y otra con violón (perdón, violín); y no es lo mismo decirle cuatro cosas a una periodista cultural española y otra a un cubano como Ian. El nivel de conocimientos sobre la realidad cubana entre uno y otro, resultan abismales.

Lo otro que venía a señalarles es el comentario dejado por el periodista y académico José Raúl Gallego en la publicación de Ian.

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Son cuatro puntos, aunque no los únicos, que conviene diseccionar uno por uno y puede que a esa mesa, le hagan falta más patas.

Vayamos por partes.

Perugorría: el gestor de conflictos quintacolumnista

Una de las facetas menos conocidas de Perugorría es la de gestor de conflictos quintacolumnista. El 27 de noviembre de 2020 lo sacaron de dónde estaba —echándose unos whiskies— para que se llegase hasta el Ministerio de Cultura a aplacar los ánimos de los artistas reunidos en la puerta, esperando para hablar con Alpidio Alonso. Al lugar llegó “Pichi” no tan visiblemente tomado, pero sí con olor a bebida encima.

No, no estaba ebrio. Si hubiese estado ebrio no hubiese calculado con alevosía el pullóver que llevaba puesto.

Como bien saben todos, la génesis de lo sucedido ese día hay que situarla en el ninguneo, racismo, detención, golpizas y violaciones de los derechos más básicos de los dos artistas pilares del Movimiento San Isidro: Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero Alcántara.

Perugorría se llegó al MINCULT con un pullover que decía “Actually I´m in San Isidro” que formaba parte de la campaña creada por el régimen para blanquear la nefasta imagen —y racista— que había dejado en los días previos al 27N cuando el MSI estaba en boca de todos. No olvidemos que precisamente en la barriada de San Isidro, “Pichi” tiene un local, el “Yarini”; un edificio de 4 pisos que consta de galería (1er piso), hostal (2do y 3ro) y restaurante-bar (4to piso) Posee además, otorgado también por “Papá”, otros dos clubes: el “Club 23” en la Rampa; y el “Habana 309”. Resultaba obvio que no le interesaba que entonces —ni nunca— se desarrollase un conflicto de tal envergadura que arruinase sus planes comerciales.

¿Le importaban a “Pichi” los artistas reunidos frente al Ministerio de Cultura ese 27 de noviembre? Es probable que sí. O que no; pero de lo que sí no hay dudas es que no le importaba para nada la vida de Luis Manuel Otero Alcántara, Maykel Osorbo y Dennis Solís. De hecho, tampoco los respetaba como artistas.

Si así hubiese sido, no habría declarado meses después en Miami lo que terminó diciendo. Durante una conversación en el Centro Cultural Español, al ser preguntado por LMOA y Maykel, respondió lo siguiente sobre la obra de ambos:

“No hombre, no. Esos dos no son artistas ni la cabeza de un guanajo. Esos son dos productos creados aquí en Miami, por gente del exilio que no les importa la vida de esos dos negros”.

Su llegada al Ministerio de Cultura aquel 27 de noviembre no fue un acto espontáneo. Según ha trascendido, fue Fernando Rojas quien lo llamó para que mediase en la solución del conflicto con los realizadores y jóvenes allí presentes. Perugorría, consciente de que su influencia personal no bastaba para tal propósito, decidió pasar a buscar a Fernando Pérez; lo sumó a la iniciativa aprovechando el enorme respeto y ascendencia que el veterano cineasta tiene sobre las nuevas generaciones, y así ambos se presentaron finalmente en la institución. Digámoslo sin rodeos: usó a Fernando Pérez.

Lo cierto es que “Pichi” llegó allí, soltó unas palabras, la gente lo aplaudió y… erróneamente confió en él. Perugorría, lejos de interceder por aquellos, se prestó para luego entrevistarse a espalda de estos últimos, unos días después del 27 de noviembre en el Consejo de Estado.

Igual le hizo a los integrantes de la Asamblea de Cineastas Cubanos, un grupo de jóvenes y no tan jóvenes interesados en lograr una Ley de Cine que proteja la producción independiente, garantizar la libertad de creación sin censura institucional y establecer un diálogo horizontal con las autoridades culturales, para transformar el actual modelo de gestión cinematográfica en el país.

Este grupo surgió con fuerza tras incidentes de censura específicos, como la prohibición de la exhibición del documental Fincas individuales y, más notablemente, tras la exhibición no autorizada en la televisión nacional del documental La Habana de Fito, dirigido por Juan Pin Vilar. Los cineastas se agruparon para reclamar el derecho a decidir sobre sus propias obras y para denunciar la exclusión de creadores por motivos ideológicos, exigiendo que el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) funcione como una entidad de apoyo y no como un órgano de control político.

Perugorría no solo no estuvo dentro del grupo ni le interesó estar dentro del grupo, sino que, para colmo de males, en medio de la ardua lucha que llevaban estos por lograr sus propósitos, se prestó para reunirse con Inés María Chapman, Alexis Triana, un militar de alto rango no identificado y un grupo reducido de funcionarios cubanos del ICAIC y el Ministerio de Cultura, interesados en en fragmentar la unidad de los realizadores independientes, legitimar una reforma institucional diseñada desde arriba sin el consenso de la Asamblea y proyectar una falsa imagen de diálogo que permitiera al gobierno retomar el control sobre la producción cinematográfica nacional.

No por gusto René Samada —quien fungía como presidente del ICAIC hasta su salida del organismo—, tenía a Perugorría como la pieza clave para ejecutar un plan de privatización encubierta de las salas cinematográficas en Cuba.

La estrategia consistía en convertir los cines estatales, hoy en un estado deplorable de abandono, en “Cine-Mipymes” bajo la administración del actor. Con este movimiento, Samada pretendía sacudirse el estigma de la censura institucional: al pasar la gestión a manos privadas, cualquier negativa a exhibir un material incómodo para el régimen dejaría de ser responsabilidad directa del ICAIC o del Ministerio de Cultura, recayendo la decisión en el administrador de la Mipyme, quien actuaría bajo las directrices silenciosas de la Seguridad del Estado. De este modo, el aparato político lograba “limpiar de polvo y paja” a la Revolución mientras mantenía el control ideológico a través de una fachada comercial.

Cabría preguntarse aquí cuál ha sido, en términos concretos, la solidaridad de Perugorría con los jóvenes realizadores; con la muestra del Cine Joven, etc.

Aquí les resumo, desde mi punto de vista, el “grandísimo aporte” de Perugorría en este aspecto, muy a contrapunto de lo que hoy decía el actor Felito Lahera sobre él :

No impulsó, ni siquiera apoyó, la ley de cine en Cuba. No ha apoyado tampoco a los miembros de la Asamblea de Cineastas de Cuba. En esos dos momentos trascendentales en que debió ponerse del lado correcto de la historia, el de sus colegas, Perugorría se pasó con ficha. Debido a esa servidumbre, el Estado le agenció el papel de director del Festival de Cine Pobre en Gibara, Holguín; y otro, Festival ahora, del que no recuerdo el nombre, en Isla de la Juventud.

Parte de ese comportamiento censor, siempre alineado con los intereses del Estado que oprime al resto de sus colegas, quedó reflejado en una publicación del escritor holguinero Gabriel Pérez en Facebook. En ella recordó cómo él y una joven —a la que no identificó— “hervían de rabia” contra el aludido, a quien acusaba de sostener un “discurso de mal cubano que se oponía al libre albedrío, el civismo y la palabra audaz y oportuna de Luis Alberto García”, durante la inauguración del Festival Internacional de Cine de Gibara en 2023.

No pocos recuerdan cómo Perugorría desde su puesto de Director del Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, a raíz de todo el suceso generado alrededor de la película Santa y Andrés, llamó al realizador de la cinta, Carlos Lechuga, para comunicarle que tanto él como Claudia Calviño, realizadora de esa cinta y de otras tantas cintas de Lechuga, quedaban excluidos del jurado del FICBIBARA, como hasta ese momento venían haciendo. Los argumentos expuestos por Perugorría en esa llamada fue que “estaban en candela” y que él “no quería meterse en ningún lío”.

El “regalito” que le hizo Manuel Marrero a Jorge Perugorría

El 6 de diciembre de 2023, Cubanos por el Mundo publicó un reportaje sobre una fiesta que, bajo la apariencia de un noble tributo a los profesionales de la salud, ocultaba una compleja red de tráfico de influencias y lealtades políticas. El evento tuvo lugar en la lujosa residencia de Jorge “Pichi” Perugorría, ubicada en la Avenida de la Loma, en el exclusivo barrio de Nuevo Vedado. Aunque actrices como Tahimí Alvariño intentaron presentar el encuentro en redes sociales como un gesto de gratitud hacia los médicos, la realidad detrás de los muros del “rancho” del actor apunta a un escenario mucho más pragmático y oscuro.

Lejos de ser una celebración para el médico de a pie que enfrenta la escasez en los hospitales, la lista de invitados se reduce año tras año a un círculo cerrado de directores de hospitales, administradores y altos funcionarios del Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

Según revelaron fuentes cercanas al evento, estas reuniones anuales funcionan como una inversión de Perugorría para garantizarse “favores” médicos exclusivos. Esta influencia quedó demostrada durante la pandemia, cuando el actor y su esposa consiguieron con celeridad la vacuna china Sinovac —necesaria para viajar a España por compromisos de trabajo—, en un momento en que la población general no tenía acceso a ella.

La controversia escaló días después cuando el influencer Alexander Otaola reveló detalles aún más comprometedores sobre los asistentes. Entre los rostros captados en las fotografías se encontraba el doctor Pedro Luis Véliz Martínez, identificado públicamente como el agente “Ernesto” de la Seguridad del Estado. Véliz Martínez fue uno de los infiltrados responsables de las delaciones que condujeron a los arrestos de la Primavera Negra en 2003 y ha sido utilizado por el régimen como vocero en cumbres internacionales para confrontar a la oposición. La presencia de un “chivato” de este calibre en casa de Perugorría confirma, para muchos críticos, la estrecha vinculación del actor con los órganos represivos del régimen.

Para los artistas de la isla, la invitación a estas bacanales no es solo un evento social, sino una vía de supervivencia. Aquellos que necesitan adelantar un turno médico, una cirugía o una revisión especializada, ven en Perugorría al mediador capaz de ponerlos en contacto directo con los “pinchos” de la salud. A cambio del acceso a la farándula y el agasajo en una mansión de Nuevo Vedado, los directivos garantizan atención privilegiada al círculo del actor. Mientras tanto, el verdadero cuerpo médico de la isla, como los galenos enjuiciados en Bayamo por falta de recursos, permanece ajeno a estos banquetes de poder y complicidad.

Esa casa, en el reparto Kholy, la obtuvo Perugorría tras vender su casa en Santa Fe; esa especie de antro de perdición en el que una vez al mes se celebraba “La Fiesta de la Tortilla”, y en la que se hospedó al menos tres veces el fotográfo de Jeff Epstein.

Cuando Perugorría adquirió esa vivienda, que ocupa casi toda una manzana encontró un problema: justo detrás de ella tenía una loma y él necesitaba quitar esa loma. También necesitaba una especie de placa voladiza. Entonces, echó mano a sus contactos en el Consejo de Estado. Específicamente llamó al Primer Ministro Manuel Marrero, quien de conjunto con Mariela Castro, son sus grandes amigos “por allá arriba”.

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Marrero no solo movilizó una brigada del Ministerio de la Construcción para quitar la loma, convencido de que si “la montaña molesta al amigo de Mahoma, Mahoma quita la montaña”, sino que movilizó también ocho concreteras de cemento para hacerle el favor completo a su amigo el “Pichi” y hacer la deseada placa voladiza.

Este, en señal de agradecimiento eterno, lo invita a cada rato a su casa, para que deguste, como a él le encanta, queso de cabra fresco —de las cabras que tiene Perugorría allí— en solaz esparcimiento. Una fuente cercana a Perugorría asegura que “no existe una foto que pruebe la presencia de Marrero en ese lugar, pues el “Pichi” se asegura siempre y bien, con antelación, que nadie vaya a su casa ese día”. La propia fuente afirma que solo han sido testigos de la presencia del Primer Ministro Marrero, en casa de Perugorría, Benvenuto Solás (el hijo de Humberto Solás) y su cúmbila, Libia Batista.

Si después de todo esto, Ud. insiste en preguntarse por qué Perugorría dijo lo que dijo, es señal de que Ud. no ha entendido que, como bien expresara el periodista citado encima, José Raúl Gallego, Perugorría le debe mucho al Estado cubano. Se afirma, no sin cuota de razón, que le tienen grabado, en audio y video, todas sus “andanzas” en su casita de Santa Fé, Playa.

Perugorría y el hombre que fotografió a Jeffrey Epstein

Todavía queda “contar”, claro —y que las víctimas cuenten— sobre lo que sucedía en las bacanales que tenían lugar allí, en las que se consumía bebida y droga hasta por los poros; a la que asistían no pocas menores de edad a las que practicamente, a lo Epstein, obligaban o incitiban a estar con algún famoso presente; o a besarse entre ellas y en las que, se cuenta, un día, Perugorría intentó besar a una que fue novia de uno de sus hijos, y que ahora se ha convertido en una actriz muy famosa.

También nos queda esperar que se liberen los miles de correos de Epstein, donde es probable — o no — que algo salte, si tenemos en cuenta ya el antecedente.

Andrés Serrano, un hombre que fotografió al pedófilo norteamericano se quedó tres veces en casa de Perugorría cuando visitó La Habana, y estando allí fue que el millonario le mandó dinero “de mano” con la cantante cubana “Cucú” Diamantes y su pareja Andrés Levín, según quedó expuesto recientemente en la liberación parcial de los emails de Jeffrey Epstein.

Ambos, Cucú y Perugorría, fueron retratados por él; y en al menos dos ocasiones le acompañaron a almorzar al restaurante El Templete, en La Habana Vieja; un establecimiento donde se comía muy bien, cocina vasca, propiedad de un etarra íntimo amigo de Perugorría y de Kcho.

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Cucú Diamantes y Jorge Perugorría (junto a otras dos personas) fotografiados por el fotógrafo de Jeff Epstein, Andrés Serrano

Resulta curioso que, de nada esto, se cuente con material fotográfico y que sea solo a través de declaraciones de fuentes, muchas de ellas en condición de anonimato y off record, que se conozcan algunos de los pasos de Serrano en La Habana. Otros de los rostros fotografiados por este fotógrafo en Cuba fueron: Alex Castro, Kelvis Ochoa, Carlos Varela y Mariela Castro.

Queda flotando en el aire una pregunta… ¿Habrá conocido Perugorría también a Jean-Luc Brunel?

Jean-Luc Brunel, el principal reclutador de la red de Jeffrey Epstein y director de la agencia MC2, utilizó La Habana como un centro estratégico de operaciones durante los años 90 y principios de los 2000. Amparado bajo su fachada de “cazatalentos”, Brunel aprovechó la vulnerabilidad económica en la isla para captar a jóvenes y menores de edad con falsas promesas de modelaje internacional, utilizando la gestión de visados y contratos como una herramienta de control absoluta sobre sus víctimas.

Vista la relación de “Pichi” con Serrano, ¿habrá sucedido algo más en esa casa de Santa Fe, famosa por sus bacanales? ¿Brunel habrá estado allí también de fiesta?

Esa respuesta no puede ser dada en estos instantes, pero tal vez sí, próximamente.

pd: Nos llega ahora, de la mano de un colaborador, el post que, en defensa de Perugorría, publicó en su perfil de Facebook el acosador de mujeres Alexis Triana; otro “enchufado” del Estado, a quien “Papá” le costeó un tratamiento de fertilidad in vitro en Cancún, con estancia incluida para él y su esposa; corrupto como tantos otros; fanático al queso como Marrero, y a las mujeres como Perugorría, de quien les contaremos sus cositas algún día de estos.

Mientras, los dejo con este reel, de Jorge Perugorría y sus amiguitos en Miami

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