La Habana: Policía sale para reprimir por fuerte cacerolazo en Cerro

La noche del miércoles, vecinos de la céntrica calle Primelles, en el municipio de El Cerro realizaron una protesta con cacerolazos que derivó en un amplio despliegue de fuerzas policiales en La Habana.

El periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada documentó el operativo a través de su cuenta de Facebook, donde publicó imágenes que muestran una furgoneta policial y otros vehículos oficiales estacionados en medio de la vía, mientras residentes observaban desde sus portales en medio de la oscuridad.

Esta manifestación se produce en un contexto de creciente malestar social en La Habana, apenas 24 horas después de que vecinos de la calle Salud, en Centro Habana, salieran a las calles para protestar tras soportar más de 28 horas sin electricidad, gas ni agua potable. El Cerro, uno de los distritos más afectados por el deterioro de los servicios públicos, arrastra una crisis particularmente aguda. La Empresa de Gas Manufacturado ha reconocido una falla técnica en la red de distribución que mantiene sin suministro a entre 208,000 y 284,000 clientes en ocho municipios de la ciudad, incluyendo El Cerro.

El 25 de junio, vecinos de la misma zona bloquearon calles para exigir agua y electricidad luego de varios días sin ambos servicios. En marzo pasado, ya se habían registrado cacerolazos nocturnos tras jornadas de apagón total, evidenciando que la paciencia de la población se agota ante la recurrencia de las carencias.

La crisis energética que subyace a estas protestas alcanzó el 25 de junio un déficit eléctrico récord de 2,208 MW, lo que se ha traducido en apagones de hasta 22 horas diarias en la capital y más de 33 horas en algunos circuitos del interior. A esta situación se suma la crisis del agua, que afecta a más de 376,000 habaneros que carecen de acceso regular al suministro potable, según cifras oficiales.

El tono de las consignas ha evolucionado en las calles habaneras, pasando de reclamos específicos por servicios básicos como “¡Queremos corriente!” a expresiones de descontento político más explícitas como “¡Abajo la dictadura!” y “¡Libertad!”. Analistas consideran que estas movilizaciones constituyen la ola de protestas más extensa desde el estallido del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles en todo el país para demandar cambios políticos y económicos.

Las cifras documentan el alcance del descontento, pues la organización Cubalex registró 109 protestas en toda Cuba durante junio de 2026, mientras que el Observatorio Cubano de Conflictos contabilizó 1,245 en marzo y 1,133 en abril, lo que representa un incremento interanual del 29.5%. Estos números reflejan una sociedad que recurre con cada vez mayor frecuencia a la protesta callejera como mecanismo de presión ante la crisis.

La respuesta del régimen ha sido sistemática: despliegues masivos de fuerzas policiales, movilización de las llamadas “boinas negras”, cortes de internet en zonas de manifestación y detenciones. El 26 de junio, siete personas, cuatro de ellas menores de edad, fueron arrestadas en La Habana en el contexto de las protestas por apagones. Desde el 6 de marzo, al menos 14 personas han sido detenidas en la capital vinculadas a este tipo de manifestaciones.

En junio, manifestantes en la calle San Lázaro lograron hacer retroceder físicamente a agentes policiales durante una protesta nocturna que siguió a más de 20 horas sin electricidad. Las imágenes de aquel momento circularon ampliamente entre cubanos dentro y fuera de la Isla, alimentando la percepción de una población que pierde el temor a la represión.

Un vecino de La Habana, consultado por el medio Havana Times, resumió el estado de ánimo generalizado con una frase que se ha vuelto recurrente: “casi todos ahora están golpeando una olla”. La frase alude a una tradición de protesta que, en tiempos recientes, se ha convertido en el principal canal de expresión de la frustración popular ante el deterioro de las condiciones de vida en la isla.

La noche del miércoles en El Cerro, el sonido metálico de las cacerolas volvió a resonar en una de las calles del municipio, acompañado por el ruido de motores de los vehículos policiales que acudieron al lugar. Las imágenes desde un balcón elevado muestran a los vecinos en sus puertas, contemplando el operativo que selló la jornada de protesta.

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