
“Let cubans vote”. Esas tres palabras, pronunciadas por el presidente Obama en su viaje planeado a Cuba, podrían unir a todos los estadounidenses – incluyendo aquellos estadounidenses en los países vecinos.
No debería de necesitarse de una figura prometedora que sea la “esperanza y el cambio” de un país que lo amerita, porque es un derecho que no debería implorarse, sencillamente, tendría que estar.
La visita de Obama a Cuba se presenta como los vientos de cambio que se han desplazado hacia la libertad, lejos del populismo autoritario promovida por los hermanos Castro durante 60 años.
Los votantes en Argentina recientemente eligieron a un conservador pro-libre mercado que se ha comprometido a buscar una relación positiva con los Estados Unidos.
En diciembre, los demócratas de Venezuela ganaron las elecciones del congreso en un deslizamiento de tierra y ahora representan una mayoría que se opone al régimen cubano respaldado que ha llevado al país a la ruina política y económica.
Acólitos de Castro en Bolivia y Ecuador han visto sus perspectivas políticas caen en picado en los últimos meses. Un gobierno socialista en Brasil es asediado por las investigaciones sobre corrupción, sucumbiendo al estado de derecho después de despilfarrar la riqueza petrolera del país y teniendo la economía en recesión.
En cada uno de estos países, los políticos tienen que hacer frente a las urnas, cuando a autoritarios impopulares no siempre le favorecen los resultados.
Por lo que este sería el mejor momento para Obama para desafiar a Raúl Castro para dar a 11 millones de cubanos los mismos derechos que sus vecinos dan por sentado.
Un artificio donde el partido comunista de Cuba aprueba un candidato para cada conjunto de asiento, no será suficiente.
Los Castro son expertos en el papel de víctima pasiva agresiva. Raúl puede decir: “los cubanos votar, si ….” “Los cubanos votarán, cuando ….” “Los cubanos votarán, pero ….”Obama puede causar un cortocircuito tal que esos argumentos no servirían y podría presionar a Castro para que los candidatos de la oposición puedan hacer campaña y comunicar al menos tan libremente como lo hacen en todos los demás países del hemisferio.
Cuando un cubano llamado Oswaldo Payá se atrevió a presentar una petición al gobierno de Castro formalmente – recopilación de firmas de decenas de miles de cubanos pidiendo una democracia plural – terminó muerto, asesinado en 2012, cuando la policía consiguió su coche contra un árbol.
Su hija, Rosa María, ha lanzado una campaña internacional “Cuba decide.” Esta es la hora en que el organizador de la comunidad en la que Obama puede hacer grandes cosas para ayudar a una mayoría oprimida al apoyar la proposición simple que la gente debe decidir su propio futuro.
La normalización de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y La Habana ha sido despreciado por aquellos que lo ven como una táctica descuidada que no reconoció que uno puede ayudar a la dictadura de Castro o el pueblo cubano, más no ambos.
Incluso los críticos del presidente en el Congreso podrían ser persuadidos para aprobar una resolución bipartidista copia de una declaración de que lo hiciera, “Let cubans vote” – instándole a entregar ese mensaje en las reuniones con los disidentes, a la dirección del régimen, y en una cadena nacional.
No hay razón para dudar de las intenciones de Obama. Ha otorgado concesiones sobre el régimen de Castro, a pesar de la represión sobre los líderes disidentes en aumento desde el acercamiento con Washington.
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