Recientemente, salió a la luz la versión oficial sobre el fallecimiento del niño Adniel Jesús Jarrosay Almeida, de cinco años, en Santiago de Cuba, que apuntaba a una “intoxicación exógena”, pero su madre, Malena Jarrosay Almeida, contradice frontalmente este dictamen y narra una cadena de presuntas negligencias médicas en el policlínico Carlos J. Finlay.
Ella sostiene que el colapso y posterior deceso de su hijo el pasado 2 de septiembre ocurrieron después de una atención tardía y la administración de un medicamento en el centro de salud, no por el analgésico que le dio en casa.
La madre del menor fallecido concedió una entrevista a CubaNet donde explica que la causa de la tragedia no fue la media pastilla de paracetamol de marca mexicana Portem que le suministró un día antes por un malestar leve.
De hecho, Malena Jarrosay presentó la caja del fármaco, que muestra una fecha de vencimiento para febrero de 2027, e insistió: “No estaba vencido, estaba nuevo”.
El relato de la madre describe una situación muy diferente a la emitida por la Dirección Provincial de Salud en Santiago de Cuba. Ella sostiene que llevó a su hijo al cuerpo de guardia sobre las 8:00 a.m. con fiebre alta. Pese a informar que el niño registraba 40.9 grados de temperatura, asegura que el personal sanitario le ordenó sentarse y esperar más de treinta minutos antes de recibir atención.
Durante ese tiempo de espera, la doctora a cargo, según su denuncia, se encontraba usando su teléfono móvil. “Mi hijo convulsionó y se orinó delante de ella. Ahí fue cuando se movió, porque antes estaba mirando Facebook en su teléfono”, sentenció Malena.
La condición de Adniel se precipitó drásticamente justo después de la intervención médica. Luego de que le inyectaran dipirona, el niño sufrió una primera convulsión dentro de la instalación, un hecho que choca directamente con la versión de las autoridades, que indicaba que las convulsiones comenzaron en el hogar.
En el lapso de una hora, el pequeño experimentó un total de ocho convulsiones. Un médico consultado por la familia, Roberto Serrano, consideró que “el cuadro descrito bien pudo corresponder a un shock anafiláctico por la dipirona”.
La falta de recursos en el centro de salud agravó la emergencia. Una pediatra que intervino para ayudar indicó que el procedimiento a seguir era la intubación, pero el policlínico carecía del equipo necesario para realizarla.
El menor entró en paro respiratorio mientras se gestionaba su traslado en una ambulancia, falleciendo poco antes del mediodía.
Para añadir más dudas sobre el diagnóstico oficial de intoxicación por paracetamol, el primo de Adniel, Yosnier Jarrosay Almeida, está ingresado en cuidados intensivos del Hospital Infantil Sur con un diagnóstico de neumonía bacteriana, aunque su evolución es favorable.
La coincidencia de síntomas en ambos niños, y el hecho de que otros vecinos, incluyendo la abuela materna del fallecido, presentaran cuadros febriles, alimenta la sospecha familiar de la circulación de un virus en la zona, algo que las autoridades sanitarias no confirman.
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Esta tragedia se ensaña con una familia en situación de extrema vulnerabilidad. Malena, de 26 años, enfrenta un cáncer de paladar en fase avanzada y es el sostén de otros dos hijos de 7 y 10 años.
Con una pensión mínima y en condiciones de pobreza, ahora no solo afronta la pérdida de su hijo, sino también el señalamiento público como presunta responsable de su muerte, una versión que, según su testimonio, encubre la verdadera cadena de sucesos
Redacción de Cubanos por el Mundo