El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, recibirá este martes 31 de marzo a las 10 de la mañana (hora local) a la líder opositora venezolana María Corina Machado en una reunión privada y a puerta cerrada en la sede del Departamento de Estado.
La cita, confirmada en la agenda pública oficial del Gobierno estadounidense, representa un nuevo capítulo en el estrecho diálogo entre Washington y los factores democráticos venezolanos tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero en Caracas.
Según el calendario divulgado ayer por el vocero del Departamento de Estado, el encuentro entre Marco Rubio y María Corina Machado se desarrollará sin acceso a la prensa y forma parte de la estrategia de la administración Trump para acompañar la fase de estabilización y transición en Venezuela.
Hasta el momento de la redacción de esta nota, no se han filtrado los temas específicos que se abordarán, pero fuentes cercanas a ambos lados indican que se espera discutir garantías de seguridad para el eventual regreso de Machado a Caracas, el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la coordinación internacional para una transición ordenada que culmine en elecciones libres y transparentes.
Encuentros entre María Corina Machado y Marco Rubio
Esta no es la primera vez que Rubio y Machado se sientan a la misma mesa. Ya lo hicieron en enero, poco después de que fuerzas especiales estadounidenses capturaran a Maduro en un operativo que cambió radicalmente el tablero político venezolano.
En aquellos encuentros, la dirigente —galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025— insistió en su disposición a volver al país “lo antes posible”, pero siempre bajo condiciones que garanticen su integridad física y la de millones de venezolanos exiliados o desplazados internamente.
“No se trata solo de mi regreso, sino de que millones de venezolanos puedan volver a casa con dignidad y seguridad”, ha repetido Machado en declaraciones posteriores.
Un país en transición frágil
Cabe mencionar que Venezuela atraviesa hoy una de las etapas más delicadas de su historia reciente. Tras la detención de Maduro, se activó un gobierno interino bajo la supervisión de Washington, encabezado por Delcy Rodríguez, quien fungía como vicepresidenta del exdictador.
El enfoque estadounidense, según ha explicado el propio Marco Rubio en comparecencias ante el Senado, sigue tres etapas claras: estabilización inmediata, recuperación económica y, solo entonces, una transición política plena con comicios limpios.
Sin embargo, los desafíos persisten. El chavismo aún controla los órganos represivos y todavía conserva influencia en sectores de las fuerzas armadas, el aparato judicial y redes de poder económico ligadas al narcotráfico y a aliados externos como Irán y Hezbolá. La crisis humanitaria no ha desaparecido: hiperinflación controlada pero latente, escasez de servicios básicos y más de 7,7 millones de venezolanos aún en el exilio.
Reapertura de la sede del partido de María Corina Machado
La reapertura el pasado 28 de marzo de la sede nacional de Vente Venezuela en Caracas —el partido fundado por Machado— fue celebrada por la oposición como “una señal inequívoca de cambio”, pero también generó temores de posibles represalias por parte de estructuras residuales del régimen.
En este contexto, la reunión de este martes adquiere un peso estratégico. Para María Corina Machado, quien ha pasado los últimos meses entre Oslo (donde recibió el Nobel) y Washington, el respaldo de Marco Rubio es clave para avanzar en la reorganización interna de la oposición y para presionar por un cronograma electoral claro.
Para la administración Trump, el encuentro refuerza su compromiso con una Venezuela “libre, próspera y amiga” que deje de ser plataforma de amenazas regionales.
El cubanoamericano Marco Rubio, uno de los principales artífices de la política dura hacia el chavismo durante más de una década, ha sido consistente: “No vamos a repetir errores del pasado. La estabilización primero, la reconciliación después y las elecciones cuando las condiciones estén dadas”. Machado, por su parte, ha subrayado que cualquier transición debe ser “inclusiva pero sin impunidad” y que el retorno de los exiliados y el desmantelamiento de las redes de corrupción son condiciones irrenunciables.
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