El médico cubano Jesús Manuel Estévez, desde Estados Unidos, denunció la agresión directa y el asedio perpetrado por los esbirros de la dictadura castrista contra su madre en la provincia de Guantánamo, un acto cobarde que desnuda la naturaleza ruin y terrorista del régimen.
La brutal agresión ocurrió durante la madrugada, cuando los operadores de la tiranía vandalizaron la fachada del domicilio de la indefensa mujer, una ciudadana de la tercera edad que padece enfermedades y sobrevive en absoluta soledad bajo el yugo comunista.
Los fanáticos al servicio de la criminal dictaduras plasmaron pintadas con consignas amenazantes que rezaban “Muerte a los gusanos. Patria o Muerte!”, evidenciando el terrorismo de Estado que impera en la isla contra los familiares de los opositores exiliados.
Este abominable ataque fue expuesto públicamente por el propio médico cubano, quien dirige el Movimiento Anticomunista y Defensores de la Libertad. Desde su refugio en el estado de Illinois, el profesional de la salud conoció los hechos a través de una llamada telefónica desesperada que le fracturó el alma, al escuchar a su progenitora aterrada y entre lágrimas tras el atropello.
“Esta madrugada mi mamá, una mujer de la tercera edad, enferma, que vive completamente sola en Cuba, recibió una de las experiencias más duras de su vida cuando una vecina le tocó la puerta desesperadamente para avisarle que le habían vandalizado el frente de su casa y encontró basura”, denunció Estévez en un video enviado a Martí Noticias.
La impotencia a distancia
La cobardía de la dictadura no conoce límites al ensañarse con mujeres vulnerables con el único propósito de doblegar la moral de quienes combaten la tiranía desde el exterior. El médico cubano relató la profunda impotencia que experimentó al encontrarse a más de un millar de kilómetros de distancia, limitado a presenciar el sufrimiento de su madre a través de un teléfono mientras el aparato represivo ejecutaba sus órdenes macabras.
“Te imaginarás cómo me sentí cuando recibí esta llamada, que estoy a más de 1.000 kilómetros de distancia, y lo único que podía hacer era escuchar a mi mamá llorando, asustada y diciéndome lo que le había pasado”, agregó.
Este nuevo zarpazo de la policía política no constituye un caso aislado, sino que forma parte de una escalada sistemática de persecución contra la organización defensora de los derechos humanos registrada formalmente en Florida desde el pasado mes de enero.
Diversos activistas vinculados a este frente disidente padecieron recientemente campañas de hostigamiento, vigilancia ilegal y coacción psicológica.
“En las últimas semanas nuestro movimiento ha recibido múltiples amenazas y presiones. Incluso, otra de las líderes de la organización ha denunciado situaciones de acoso recientemente”, añadió.
La respuesta de la resistencia
Para el valiente médico cubano, estas acciones violentas representan un manotazo de ahogado de una cúpula carcomida por el pánico, incapaz de tolerar la disidencia y desesperada por apagar los focos de resistencia que crecen más allá de las fronteras.
La estrategia de la tiranía consiste en utilizar a los parientes de los activistas como rehenes emocionales para sembrar el pánico y forzar la autocensura.
“Buscan que dejemos de denunciar, que tengamos miedo de seguir hablando, que pensemos primero en nuestra familia antes de defender la libertad de Cuba pero, si ese es el objetivo, les digo desde aquí que no lo van a lograr, no me van a callar ni van a callar la voz de nuestro movimiento”.
La respuesta del activismo opositor frente a la agresión refleja una postura intransigente frente al castrismo, dejando claro que el chantaje sentimental no doblegará la convicción democrática.
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Cada intimidación perpetrada contra los familiares de los exiliados refuerza el compromiso inquebrantable de este médico cubano y de sus compañeros de lucha por erradicar definitivamente el sistema delictivo que estrangula al pueblo de Cuba.
Lejos de retroceder ante la barbarie, el médico cubano redobló su ofensiva verbal contra los jerarcas comunistas, exigiendo el cese inmediato de la represión y advirtiendo que ninguna amenaza detendrá la marcha hacia el derrumbe definitivo de la dictadura.