El activista cubano Leonardo Romero Negrín celebró el segundo día consecutivo con suministro eléctrico en La Habana, pero advirtió que el restablecimiento de la luz responde a una estrategia de desmovilización del régimen, no a una solución real de la crisis energética.
En un mensaje publicado en su perfil de Facebook, el opositor sostuvo que la presión ciudadana organizada logró arrancar concesiones que el régimen nunca habría otorgado por voluntad propia.
“Segundo día en que nos duelen las pupilas y no sabemos qué hacer con tanta luz”, dice el mensaje con evidente sarcasmo, antes de lanzar una de sus frases más reveladoras: “Si supiéramos el miedo que nos tienen, CUANDO NOS ORGANIZAMOS, el mismo Díaz-Canel estaría dispuesto a quitarse su ecoflow por tal de que la Timba y el Fanguito tuvieran corriente a partir de las 9 de la noche”. Con esta declaración, el activista traslada el foco del debate hacia la capacidad de movilización popular como única herramienta efectiva para presionar cambios.
El restablecimiento del servicio, según el activista, no obedece a una mejora en la infraestructura eléctrica ni a una gestión eficiente de la Unión Eléctrica, sino a una maniobra calculada para desactivar el creciente malestar social que mantiene a los cubanos todos los días en cacerolazos.
“Esto es fachada y tregua lumínica contra un pueblo que se organiza”, sentenció, y pidió a los habaneros que mantengan vivo el hábito de las protestas sonoras: “Aún con luz, toque que su caldero para que no pierda el entrenamiento, porque en un ratico puede volver la oscuridad”.
La noche del viernes 24 de julio, en vísperas del aniversario del asalto al Cuartel Moncada, la Asamblea de la Resistencia Cubana había convocado un cacerolazo nacional a las 9:00 p.m.
Aunque el régimen logró iluminar “raramente” varios barrios de la capital, los golpes de ollas y calderos se escucharon en Lawton, San Agustín, La Coronela y La Lisa, así como en Santiago de Cuba y Cienfuegos. En el parque Dolores, en Lawton, los vecinos recurrieron incluso a extintores para amplificar el ruido de la protesta, evidenciando que la “tregua lumínica” no logró silenciar el descontento.
“Recuerde que en alguna medida hay agradecértelo a ti y a los hermanos anónimos que hoy duermen en el Vivac por reclamar lo que tú y yo estamos ‘disfrutando’ ahora”, escribió, y llamó a dedicar “un minuto a pensar en ellos y en los cientos de presos políticos que han forjado la pérdida de miedo que progresivamente hemos logrado”.
El activista cubano conoce de primera mano la represión que enfrentan quienes alzan la voz. El 1 de julio de 2026 fue detenido violentamente durante un cacerolazo en Centro Habana, en protesta por los apagones y la falta de agua, y liberado dos días después con una multa de 2.000 pesos cubanos. Su historial de arrestos se remonta a mayo de 2021 e incluye detenciones durante las protestas del 11J, en marzo de 2025 y en febrero de 2026, lo que lo convierte en un blanco recurrente del aparato represivo.
El 14 de julio, apenas el 4% de los clientes de La Habana contaba con servicio eléctrico, y el 6 de julio el país sufrió su octavo apagón total del Sistema Electroenergético Nacional en menos de dos años. La noche del 23 de julio, la Unión Eléctrica reportó un déficit de 2.315 megavatios, rozando el récord histórico de 2.341 MW registrado el 8 del mismo mes.
Esta crisis desató una oleada de protestas sin precedentes, el Observatorio Cubano de Conflictos contabilizó 253 manifestaciones en todo el país durante junio de 2026, una cifra récord.
La respuesta del régimen comunista es solo represión y la muestra de esto es que Prisoners Defenders cifró en 1.306 los presos políticos al cierre de junio. En enero de 2026, un tribunal condenó a hasta ocho años de prisión a seis personas por participar en protestas durante un apagón en Encrucijada, Villa Clara.
“En este post no se está incitando a nadie a delinquir… al contrario. Aquí se dice clarito y sin miedo: ¡ABAJO LA DICTADURA y VIVA EL PUEBLO ORGANIZADO!”. Y añadió un guiño a la fecha conmemorativa: “Si quiere grite ¡LIBERTAD!… y cualquier cosa diga que mañana es 26”, en referencia al 26 de julio, jornada en que el régimen celebra el inicio de la Revolución pero que este año encuentra a una ciudadanía más organizada y menos dispuesta a permanecer en silencio.
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