Para la cubana Belkys Molina, atravesar la selva del Darién le robó parte de su humanidad. Ver los cadáveres putrefactos durante el trayecto, la lleno de dolor pero a la vez de fortaleza para continuar su camino.
“Tuve que sacar fuerzas y pedir mucho a Dios porque la muerte acecha en cada paso que das”, dice Molina con voz de tristeza, quien llegó a Colombia desde Guyana y luego tuvo que tomar la jungla como único camino luego de que la administración de Santos iniciara las deportaciones.
“Después que uno pasa la amarga experiencia de la selva, creo que queda enterrada parte de tu vida, tu identidad. Colombia fue desastroso, Santos no tuvo piedad ni con embarazadas, ni con niños, no tuvo piedad con nadie”.
Actualmente, se encuentra en Costa Rica, específicamente en el poblado de La Cruz, dentro de un templo religioso en la que el dirigente le brindó asistencia ella y a varios de sus compatriotas.
“El olor putrefacto de los cadáveres fue horrible. Una mujer falleció al caer por el abismo con una niña”, cuenta la migrante.
Ayuda de los vecinos
El misionero Luis Guerrero, expresó que cerca de 300 cubanos que se encuentran en el poblado de La Cruz, fueron atendidos por su congregación y actualmente se están hospedando en el templo donde auspicia las predicas.
“Se le está habilitando más espacio para que puedan cocinar, tener su alimentación y más privacidad”, dijo el misionero.
Indicó además que las autoridades costarricenses, no arremeten contra los migrantes a pesar de saber dónde están ubicados, solo si estos intentan cruzar la frontera hacia Nicaragua.
Por otro lado, el gobierno e Panamá expresó que activará varios refugios en la zona del Darién para brindar asistencia a los migrantes que salen de la selva. Sin embargo, los cubanos aseguraron que no han recibido ningún tipo de ayuda por parte del gobierno panameño.
