El Vedado, La Habana, Manuel Morejón (PD) Hay que practicar el dominio propio y mantenerse alerta, porque como se advierte en 1 Pedro 5:8: “El diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar”. (1Pedro 5:8)
El primer enemigo de uno es uno mismo, cuando no reconoce el poder, el amor y el dominio propio que nos da el Espíritu Santo y le damos lugar en nuestra carne al espíritu de cobardía (2da de Timoteo 1:7), que es un buen aliado de Satanás para hacernos perder el equilibrio espiritual.
Pedro nos señala que especialmente somos más vulnerables a los ataques de Satanás cuando nos ensimismamos en nuestros problemas y nos despreocupamos de nuestra relación con el Espíritu Santo.
Satanás puede abrumarnos cuando enfrentamos sufrimiento o persecución, haciéndonos sentir solos, débiles, abandonados y alejados de otros creyentes para que olvidemos estar atentos al peligro y entonces, sólo así podernos ser devorados.
Y Dios mismo, el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Cristo nos promete, que después de sufrir un poco de tiempo, nos restaurará y nos hará fuertes, firmes y estables. (1Pedro 5:10) Entonces, sometidos a Dios, podremos resistir al diablo y este huirá de nosotros por un tiempo.