Reportan un nuevo derrumbe en Santiago de Cuba; el régimen no hizo nada para evitarlo

Un nuevo derrumbe en Santiago de Cuba sacude una vez más los cimientos de una ciudad que se cae a pedazos ante la mirada indiferente de una dictadura que solo sabe reprimir y construir hoteles para el turismo mientras el pueblo malvive entre ruinas.

La noche del miércoles, el estruendo de los ladrillos chocando contra el pavimento despertó el terror en la calle Jagüey, donde una estructura maltrecha finalmente cedió, confirmando que en la isla el peligro de muerte es una constante bajo la cual el régimen obliga a respirar a sus ciudadanos.

Según la información compartida por el comunicador Yosmany Mayeta Labrada en Facebook, fuente que ha dado voz al desespero de los santiagueros, este incidente ocurrió específicamente entre las calles Padre Pico y Escudero.

No se trató de un evento fortuito ni de un desastre natural imprevisto; fue la crónica de un colapso anunciado que las autoridades locales ignoraron con la soberbia característica de quienes se sienten dueños de un país que no cuidan.

El derrumbe en Santiago de Cuba dejó al descubierto, además de los restos de una edificación olvidada, la precariedad de los servicios básicos que sostiene el castrismo. Al desplomarse la pared, los escombros arrastraron el tendido eléctrico, dejando la zona a oscuras y bajo la amenaza de cables con corriente en plena vía pública.

Esta situación aumentó exponencialmente el riesgo para los residentes, quienes ahora no solo temen que otras paredes caigan, sino que una descarga eléctrica fulmine a algún transeúnte en medio de la penumbra.

Derrumbe en Santiago de Cuba: otro peligro que el régimen ignoró

Los testimonios recogidos en el lugar destilan una rabia contenida que ya sobrepasa el miedo a la represión. Un vecino indignado relató que los habitantes del barrio llevaban días denunciando el estado crítico de esa pared, advirtiendo que la estructura amenazaba con venirse abajo en cualquier instante.

Sin embargo, como ocurre siempre que el cubano de a pie pide auxilio, la respuesta del régimen fue el silencio absoluto. Para la cúpula castrista, la vida de una persona en la calle Jagüey carece de valor frente a la propaganda que no puede ni siquiera apuntalar una fachada en ruinas.

Este derrumbe en Santiago de Cuba es el reflejo exacto de un sistema que colapsó hace décadas en lo moral y lo económico. Mientras la dictadura destina millones a la represión y a la vigilancia, las viviendas de los cubanos se transforman en trampas mortales.

La suerte quiso que en el momento del desplome nadie caminara por esa acera, evitando así una tragedia humana que el régimen habría intentado ocultar con cualquier disparate que saliera de la boca de los cabecillas.

Derrumbe en Santiago de Cuba
Afortunadamente, no hubo heridos / Foto: Yosmany Mayeta

El peligro eléctrico y la falta de respuesta inmediata

La pregunta que arrojó el comunicador y que circula entre los escombros es la misma que atormenta a toda la nación: ¿hay que esperar a que muera alguien para que se actúe? La realidad es que, para el régimen, incluso la muerte de un ciudadano es un costo aceptable con tal de no reconocer que Cuba es hoy un cementerio de edificios y esperanzas.

Cada derrumbe en Santiago de Cuba suma “una raya más al tigre” de la negligencia institucional, un monstruo que devora la seguridad de los barrios más antiguos y emblemáticos de la región oriental.

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Santiago de Cuba se desmorona bajo el peso de la corrupción

Hoy, la calle Jagüey permanece parcialmente bloqueada, no por un plan de reconstrucción, sino por la desidia de quienes prefieren culpar al supuesto “embargo” de su propia incapacidad para recoger los restos de su fracaso. Este derrumbe en Santiago de Cuba demuestra que el verdadero escombro que asfixia a la isla es el comunismo, una estructura rígida que solo se mueve para oprimir, pero que queda paralizada cuando se trata de proteger la integridad física de sus ciudadanos.

Mientras la dictadura mantenga sus prioridades lejos de las necesidades básicas de la gente, cada derrumbe en Santiago de Cuba funcionará como un recordatorio de que el cambio no vendrá de los responsables del desastre, sino de la presión de un pueblo que ya no aguanta más vivir en la miseria.

La rutina del colapso se instaló en el oriente cubano, y este derrumbe en Santiago de Cuba se suma a una lista interminable de eventos similares que ocurren a diario a lo largo y ancho del país.

La indolencia del régimen es el principal combustible de esta crisis habitacional que amenaza con borrar del mapa los centros históricos más importantes de la nación.

Este nuevo derrumbe en Santiago de Cuba deja una lección amarga pero necesaria: bajo el castrismo, la supervivencia es un azar. Los ciudadanos de la calle Jagüey hoy respiran aliviados porque no hubo heridos, pero mañana despertarán con el mismo temor, mirando hacia arriba, esperando que la próxima pared en caer no sea la suya.

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