La total indiferencia de las autoridades cubanas frente a un violento asalto y profanación en un templo de La Habana ha puesto de manifiesto, una vez más, el estado de indefensión en que se encuentra la ciudadanía.
A pesar de una denuncia formal, la policía del régimen ni siquiera se presentó en el lugar de los hechos, dejando a la comunidad religiosa de Guanabacoa en un completo desamparo.
El objetivo del ataque fue la iglesia de los Padres Escolapios, un enclave de profundo valor espiritual para los habitantes de la zona, dedicado a Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
La propia congregación religiosa hizo pública la denuncia a través de su cuenta de Facebook, donde narraron los eventos ocurridos en la noche del pasado martes, y la subsiguiente e insultante inacción estatal.
Los perpetradores del crimen no solo buscaron un botín material, sino que dejaron una estela de caos y destrucción que evidencia un claro desprecio por el recinto sagrado.
Trascendió que los criminales desvalijaron el templo, llevándose los candelabros del Santísimo, todos los ventiladores y bombillos, y diversos ornamentos litúrgicos.
Además, destrozaron una vitrina, forzaron escaparates de madera y rompieron los barrotes de una ventana para consumar el saqueo.
Este sentimiento de abandono fue articulado con crudeza por los afectados en su comunicado, donde expresaron la frustración que genera la negligencia de un aparato de (in)seguridad que solo se muestra eficaz para reprimir la disidencia.
“Nos sentimos abandonados por quienes tienen el deber constitucional de proteger a los ciudadanos y nuestro patrimonio. Si no responden ante un hecho delictivo de esta magnitud, ¿dónde queda la seguridad que merecemos?”, cuestionaron
OTRAS NOTICIAS: Lanzan piedras contra iglesia en Santiago de Cuba (+FOTOS)
En definitiva, este asalto sacrílego y la posterior omisión de auxilio por parte de las autoridades de La Habana no constituyen un hecho aislado. Se trata de un síntoma inequívoco de las prioridades de un régimen que invierte sus recursos en la vigilancia y persecución de voces críticas mientras la delincuencia común se apodera de los espacios públicos y privados, sumiendo a la población en una creciente espiral de inseguridad.
Redacción de Cubanos por el Mundo