El edificio conocido como “12 plantas”, ubicado en la esquina de Zanja y Hospital, volvió a convertirse en escenario de un cacerolazo protagonizado por sus habitantes.
La acción, que se suma a una creciente ola de protestas pacíficas en la capital, refleja el agotamiento de los cubanos ante el colapso de los servicios básicos, los prolongados cortes de electricidad y la escasez de alimentos y medicinas.
El reporte de la manifestación fue difundido en las redes sociales por los antillanos que utilizan sus redes también para mostrar las protestas en la isla.
En las imágenes se observa a decenas de residentes, desde ancianos hasta niños, golpeando ollas y sartenes desde sus balcones y ventanas, mientras el característico sonido metálico rompe el silencio de la tarde sin electricidad en el populoso municipio.
El inmueble, una torre de hormigón gris con fachada deteriorada y ropa tendida en cada nivel, a lo largo de los años se mantiene como un símbolo de la resistencia vecinal en Centro Habana.
No es la primera vez que sus habitantes salen a protestar, pues hace pocos días, la noche del lunes pasado, otro cacerolazo estalló en la cercana calle Monte, donde vecinos llegaron a cortar la circulación vehicular como muestra de descontento.
Estas movilizaciones forman parte de una escalada de protestas que ha sacudido La Habana en los últimos meses.
Otras manifestaciones en contra del régimen
El 13 de mayo, un cacerolazo se registró muy cerca del Comité Central del Partido Comunista, en el Nuevo Vedado. Días antes, manifestaciones similares ocurrieron en Marianao, La Lisa y el reparto Bahía. Fuera de la capital, en Holguín, el 20 de mayo, residentes de Antilla salieron a las calles tras soportar apagones de más de veinte horas consecutivas; la respuesta oficial, según testimonios, fue represión y arrestos.
El origen inmediato de esta nueva ola de protestas se remonta al 7 de marzo de 2026, cuando un colapso eléctrico nacional detonó una cadena de cacerolazos nocturnos que se extendió por múltiples municipios habaneros. Desde entonces, Centro Habana es un foco recurrente de protestas en contra del régimen comunista, el 14 de marzo hubo otra protesta en Neptuno y Hospital, y el 17 de marzo en Salud y Belascoaín, donde la policía se desplegó durante un apagón.
El motivo principal de las manifestaciones son los apagones, que en algunas zonas superan las veinte horas diarias, la severa escasez de alimentos y medicamentos, y el colapso generalizado de los servicios públicos.
El cacerolazo se ha consolidado como la forma de protesta popular más extendida en Cuba desde las históricas manifestaciones del 11 de julio de 2021. Su persistencia en 2026 evidencia que el hartazgo de la población no cede, a pesar de la vigilancia estatal, la persecusion y amenazas por parte de la dictadura a quienes piensan diferente.
Mientras tanto, los vecinos del “12 plantas” y de otras esquinas de La Habana siguen golpeando sus utensilios de cocina, una señal sonora que el régimen no ha logrado silenciar.
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