Luego de que la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), Mariela Castro, propusiera penalizar a los clientes que contraten servicio sexuales como medida para frenar la prostitución en Cuba, trabajadoras del área desestimaron tal iniciativa, alegando que lejos de ser un beneficio sólo les perjudica su única entrada de dinero.
Siguiendo los pasos de su padre y tío, Mariela parece no analizar a profundidad los problemas de la prostitución en la Isla comunista, que está arraigada a la crisis económica que se allí se vive.
Cientos de policías, se enfilaron en los municipios Cerro, Centro Habana, Boyeros y Arroyo Naranjo para penalizar a las trabajadoras sociales, siendo esto contraproducente, ya que es de conocimiento notorio que algunos de los uniformados son los que dirigen a las prostitutas.
“no se enfocan en la clientela, sino en nosotras nada más”, dice Yulexis, quien ofrece sus servicios sexuales en las proximidades de La Palma.
“‘Penalizar’ a la clientela tampoco nos beneficiaría, y no hay que ser sabia para darse cuenta de eso. La razón de prostituirnos es económica, así que esa medida no solucionará nuestro problema y mucho menos creo que sirva para erradicar la prostitución”.
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Para Gerarde, un cliente de estas mujeres, le parece inaudito que ahora el régimen también pretenda controlar sus intimidades y su dinero.
“¿Ahora también quieren decidir con quién tengo relaciones sexuales y en qué gasto mi dinero? Si quieren ‘combatir’ la prostitución tienen que empezar por mejorar la situación económica de 11 millones de cubanos”
Aunque el Código Penal cubano no incluye la “prostitución” como figura delictiva, castiga con confiscación de bienes y hasta 20 años de cárcel el proxenetismo, la pornografía, la trata de personas y la corrupción de menores. Estos delitos se consideran más graves si son cometidos por agentes policiales, trabajadores del turismo y la salud, entre otros.
“Entre robar, vender drogas o pedir limosna, preferí ‘luchar’ de esta manera el dinero y la comida de mis hijos”, señaló Lena, quien ejerce la prostitución en las cercanías de la calle Reina, en Centro Habana.
Para ella, la prostutición es una manera “decente” de sobrevivir y no tiene que darse “golpes en el pecho” como lo hacen los castrista que “le roban al pueblo”.
Robar no es más digno que prostituirse y lo que pasa es que Mariela Castro nunca tuvo que elegir entre estas dos opciones.
Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de Diario de Cuba