Perú ya se prepara para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el próximo 7 de junio y las encuestas sitúan a Keiko Fujimori en una posición de liderazgo frente a Roberto Sánchez, aunque con márgenes que evidencian la fragilidad de este tramo final de la contienda.
A escasos días de la fecha definitiva, el electorado del Perú parece dividido, observando con cautela a dos candidatos que representan modelos de país radicalmente opuestos en un contexto marcado por la inestabilidad institucional.
El escenario en las encuestas
La reciente medición de Datum Internacional, realizada entre el 17 y 20 de mayo, otorga a Keiko Fujimori un 39,5 % de la intención de voto, mientras que Roberto Sánchez, representante de la izquierda, alcanza un 36,1 %.
Por su parte, la consultora Ipsos, en colaboración con el diario Peru21, reportó un escenario similar con un 39 % para Fujimori y un 35 % para Sánchez, dejando atrás el empate técnico que ambas figuras protagonizaron durante el mes de abril.
🇵🇪#Peru – Segunda Vuelta
— DatoWorld (@DatosAme24) May 29, 2026
🟠 Fujimori — 36% (+5)
🔴 Sánchez — 30% (-2)
Encuesta IEP – Mayo pic.twitter.com/b9TaVSJzfO
La incertidumbre de los indecisos
No obstante, el factor que genera mayor incertidumbre en todo el Perú es el volumen de ciudadanos que aún no consolida su decisión. Los datos revelan un segmento significativo del electorado que se mantiene al margen de las preferencias marcadas: el 24,4 % de los encuestados se reparte entre el voto blanco o viciado y aquellos que declaran no tener una inclinación definida.
Este bolsón de indecisos, que alcanza un 8,5 % en la categoría de no define preferencia según algunas mediciones, constituye la verdadera llave de la elección. En un país donde la memoria reciente registra una crisis institucional profunda, el votante parece recelar de los proyectos políticos en juego.

Tendencias regionales y demográficas
La fragmentación territorial ofrece un mapa clarificador de las preferencias. Según la tendencia reportada por Ipsos, Keiko Fujimori mantiene una fortaleza indiscutible en Lima, donde captura el 54 % de los respaldos, mientras que su rival apenas llega al 23 %.
La realidad en el interior del Perú es distinta: en otras ciudades, la brecha se estrecha drásticamente, con un 35 % para Fujimori y un 36 % para Sánchez.
Por su parte, el estudio de Datum subraya que mientras la candidata de Fuerza Popular domina el norte del país, Sánchez concentra su base de apoyo en el centro, sur y oriente, zonas donde el discurso populista encuentra un terreno más fértil.

El IEP, en un reporte reciente, sitúa los porcentajes en 36 % para Fujimori y 30 % para Sánchez, manteniendo la distancia pese a la volatilidad del proceso.
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El factor económico en la disputa
El debate económico aparece como el gran talón de Aquiles para Sánchez. Diversos analistas advierten que la desconfianza del sector privado y la preocupación por la estabilidad macroeconómica alejan a los sectores productivos de su candidatura. La memoria de los ciudadanos respecto a los años de crecimiento sostenido contrasta con las promesas de la izquierda, generando un temor latente ante posibles retrocesos.
Keiko Fujimori, consciente de este escenario, busca capitalizar la necesidad de orden y predictibilidad que gran parte de los habitantes del Perú demanda tras años de caos gubernamental.
El cierre de la campaña
La dinámica electoral entrará en su fase de mayor tensión con los debates programados. Estos encuentros resultan determinantes, pues cada palabra puede inclinar la balanza en un electorado que aún no termina de convencerse.
Los candidatos tienen, en estas jornadas, la última oportunidad de cautivar a ese 24,4 % que hoy permanece indeciso. La contienda por el Perú no es únicamente una lucha de porcentajes, es una batalla por definir el rumbo de una nación que exige, un mínimo de estabilidad para poder trabajar y prosperar en paz, y para nadie es un secreto que la izquierda no es precisamente la más óptima para eso, evidenciado en los casos de países como Cuba, Venezuela, Nicaragua y pare de contar.