
Los recursos que son bienes económicos no se agotan antes de ser sustituidos mediante cambios tecnológicos. Un recurso natural escaso, valioso y no renovable, combustible del transporte y la industria, el carbón del siglo XIX, fue sustituido por el petróleo en el siglo XX. No se dejó de usar carbón, simplemente fue sustituido como combustible dominante cuando tecnología e inversión convergieron espontáneamente en el petróleo como opción más económica.
El Jeque Yamani, ministro de petróleo saudita de 1962 a 1986, decía que la edad de piedra terminó antes que las piedras y la del petróleo terminaría antes que el petróleo. La necedad ilustrada respondería que el petróleo es fuente estratégica de energía lo que no fue la piedra. Pero el carbón sí, y su era terminó sin agotar el carbón, como la del petróleo terminará mucho antes de agotar los yacimientos. Siendo rentable, la sustitución de un combustible la da el tiempo y capital que requiere la infraestructura sustitutiva.
De las minas de carbón a las calderas de vapor del siglo XIX había una cadena de capital invertido. Lo mismo con la explotación, transporte, refinación de crudo y distribución de combustibles, y así será con gas natural, bitúmenes o crudos extra pesados, energía solar, eólica, nuclear y biomasa en cualquier combinación. Electricidad solar e hidrógeno tienen el potencial técnico de ser producidos en cada punto de venta, con el hidrógeno está lejos de ser rentable, con la electricidad solar ya lo es.
Si estas tecnologías –ya existentes en vehículos y miniplantas de producción y venta– son las que desplazan al actual combustible del transporte, la sustitución costara relativamente menos que la del carbón por el petróleo, pues no requiere nuevas vías de transporte como aquella. Que finamente se sustituya la gasolina por hidrógeno parece muy factible, pero es apenas una probabilidad entre otras.
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