Podemita Pablo Fernández tendrá hoy revancha en TVE con la cubana que lo dejó como un zapato el domingo

Vuelve hoy martes a la Televisión española la periodista cubana Náyare Menoyo, Premio Internacional de Periodismo Rey de España en Televisión en el año 2021. La misma que dejó el domingo al portavoz de PODEMOS, Pablo Fernández, en calzoncillos.

El nombre de Náyare Menoyo lleva horas girando con fuerza en redes sociales, en grupos de WhatsApp y en el comentario constante de cubanos dentro y fuera de la isla, pero también en espacios donde Cuba suele aparecer como un tema lejano, casi abstracto, reducido a consignas o lecturas ideológicas. Esta vez no ha sido así. Esta vez hay una cara concreta, una voz reconocible y un momento muy preciso que la gente ha decidido no soltar.

Su primera aparición, la más visible, fue en un video que se volvió viral y en el que invitaba, con mucha educación, respeto y seriedad, a Pablo Iglesias a que se fuera del hotel Bristol y se pasara un mes en su casa en La Habana, sin euros, sin comida traída de fuera y sin ningún tipo de privilegio, viviendo exactamente con lo que viven sus padres, para que pudiera formarse una idea menos mediada y más real de lo que significa hoy la vida cotidiana en Cuba.

Debido a lo dicho y el alcance que tuvo, Náyare, ganadora del Premio Internacional de Periodismo Rey de España en Televisión en el año 2021, fue invitada a participar en un debate que tuvo lugar el domingo en Televisión Española. Lo que se suponía fuese una especie de “otra versión del cuento cubano”, no fue siquiera un debate técnico, ni tampoco un intercambio de argumentos en igualdad de códigos, sino algo mucho más simple y, por eso mismo, más incómodo: una cubana desmontando en directo el discurso construido desde fuera, sin necesidad de elevar el tono ni de refugiarse en conceptos, versus un portavoz político que intentaba sostener una narrativa que, en ese contexto, empezó a hacer agua.

También este video se ha viralizado. ¿Por qué? No necesita explicación. Basta con verlo para entender por qué se viralizó. En medio del intercambio, incluso el propio plató intervino, y quedó flotando una frase que desde entonces no ha dejado de repetirse: cómo se le explica a una cubana lo que pasa en su propio país desde un estudio de televisión en España. Y ahí no se cerró el debate; ahí fue donde realmente empezó a abrirse. De hecho quedó pendiente otra invitación más.

Incluso, cosa curiosa esta, el portavoz de Podemos le reprochaba a Nacho Abad antes de recibir la golpiza, que ese programa era muy corto para debatir, y él se ofrecía a eso precisamente: a continuar el debate otro día. Cuando Menoyo tuvo su turno, y le extendió ella la invitación, el “kioskero” no dijo ni comentó. Ahora, sabemos que probablemente, fuera de cámara, aceptó el reto.

Es necesario decir que todo esto ha ocurrido mientras llega a Cuba el convoy internacional con sus 20 toneladas de ayuda, su narrativa de solidaridad y su despliegue mediático, lo que ha vuelto a activar una discusión que en realidad no es nueva, pero que ahora se está diciendo con más claridad y desde más voces al mismo tiempo.

¿Qué ha significado esto? ¿Cómo se ha expresado en redes y en medios? Ajenos al discurso oficial, miles de cubanos están cuestionando desde hace días este tipo de iniciativas como una forma de “colonialismo emancipatorio” — así lo definió el joven periodista y escritor cubano Carlos Manuel Álvarez— señalando, todos, que la flotilla pudo haber llegado meses o años atrás, cuando la situación en la isla no era mejor que ahora, pero no existía el mismo interés político ni mediático. En ese sentido, cientos de miles de cubanos no critican la ayuda en sí, sino al momento en que aparece y al uso simbólico de Cuba como escenario para construir determinadas narrativas.

Aparte de CM, otro expulsado, Yunior García Aguilera, cuestionó la coherencia de quienes respaldan al régimen cubano mientras se definen como progresistas y democráticos. Gente que ha puesto sobre la mesa una demanda que conecta directamente con lo que se vio en boca de Menoyo en la televisión el domingo: si de verdad se quiere entender Cuba, hay que hablar con los cubanos que viven en España, con quienes han salido, con quienes sostienen a sus familias desde fuera, y no limitarse a la versión del “bloqueo genocida” y “el imperialismo yanqui” que les ha vendido La Habana, víctima perfecta del fenómeno de plaza sitiada.

El cruce del domingo dejó esa idea instalada al podemita. Y lo dejó caliente. Por eso el anuncio de una nueva aparición en televisión no ha pasado desapercibido entre los cubanos. Esta noche, Náyare Menoyo volverá a sentarse frente a cámaras en el programa Código 10, en Cuatro, y lo hará junto al activista cubano Magdiel Castro. Del otro lado, según fuentes, repite Pablo Fernández.

En redes ya se habla abiertamente de una segunda vuelta e incluso de vendetta. Una que llega con lo ocurrido aún fresco y con una audiencia que ya no está viendo el tema desde cero. Lo que el domingo pudo pasar como un intercambio más, ahora se seguirá con atención porque se ha convertido en un punto de fricción visible entre dos maneras de hablar de Cuba que rara vez se encuentran en igualdad de condiciones.

El eje del debate, en el fondo, seguramente seguirá siendo el mismo: quién define lo que pasa en Cuba, desde dónde se hace y con qué legitimidad. De un lado, un discurso que insiste en el bloqueo, en la solidaridad internacional y en el valor simbólico de acciones como la flotilla; del otro, una insistencia en la experiencia directa, en la vida cotidiana y en la necesidad de no reducir la realidad cubana a una narrativa única; y menos, a exhibir a Cuba como una atracción ideológica.

Sí, el “kioskero” Pablo Fernández vuelve. Vuelve al mismo terreno, con la misma interlocutora, después de haber salido bastante tocado del primer intercambio. Hay quien lo interpreta como coherencia. Otros, con menos paciencia, lo están leyendo de otra manera: o no entendió lo que pasó el domingo, o le dio igual.

Porque lo del domingo no fue un simple desacuerdo. Fue un momento en el que, cada vez que se le planteaba una pregunta concreta, la respuesta se iba por otro lado. Nacho Abad preguntaba una cosa y la respuesta terminaba en otra, casi como si hubiera un guion previo que no se podía abandonar, pasara lo que pasara en el plató. Eso también se ha comentado bastante: la sensación de que no estaba respondiendo, sino repitiendo unas ideas preconcebidas.

De ahí que algunos estén hablando, medio en serio medio en broma, de un experimento en directo: ver si esta vez logra responder sin esquivar, o si se mantiene en ese modelo de intervención donde la pregunta es un trámite y la respuesta es otra cosa y donde incluso se niega a decir lo que le toca, con tal de no dar su brazo a torcer. El domingo, cuando le preguntaron si prefería una democracia como la española o un socialismo como el cubano, el podemita se hizo el chivo loco con tontera. Sí, el domingo no fue solo el choque de él con Náyare; había otros españoles allí, incluso una socialista. Todos, lo expusieron con esa desconexión evidente entre lo que se le preguntaba y lo que devolvía.

A lo mejor alguno cree que va y hoy… no habrá sorpresa, porque no hay contexto nuevo que lo proteja. Y él, o ajusta el tono y el contenido, o se expone otra vez a lo mismo. A ser otra vez el hazmerreír en las redes.

Hay quien incluso lo está leyendo con cierta ironía: como si, después de que le dejaran las costuras al aire en directo, hubiera decidido repetir la escena, pues cree que tiene otra forma más correcta de sostener lo que está defendiendo. El asunto incluso puede que traspase el plano político y pase a ser también comunicativo. Es decir, esta interrogante: hasta qué punto se puede mantener un discurso cuando delante hay alguien que no te compra el marco desde el que hablas.

Esta noche se verá si hubo aprendizaje o si todo sigue igual. Porque una cosa es repetir argumentos. Otra es repetir exactamente el mismo choque.

Seguramente “la cubanita” —y uso el término que seguramente le vino a la mente a Fernández cuando la vio— volvera a caminar bien sobre esos terrenos que ella conoce perfectamente. Ese donde se desplaza la discusión del plano discursivo al plano práctico, en un medio, la televisión, donde ella ya obtuvo un premio Rey de España.

La razón y los argumentos están mayoritariamente de su lado, porque no se trata de explicar Cuba desde Europa, como es o debería ser, sino de vivirla, aunque sea por un tiempo limitado, sin los recursos que condicionan la experiencia de quienes la visitan desde fuera. Y en eso, Náyare le da cien vueltas al “kioskero”.

Esta noche, con las cámaras otra vez encendidas, esa incomodidad vuelve al directo. Y esta vez nadie llega sin saber lo que está en juego.

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