Para la articulista Fabiola Santiago, el anuncio del presidente Trump de un retroceso en el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, no terminó siendo más que un cambio “de la boca para afuera”. Santiago describe lo que se suponía como una reversión a gran escala terminó siendo una prohibición en retórica.
“Mi primera reacción a la tan llevada y traída política hacia Cuba del presidente Donald Trump fue enviar un mensaje de texto a mi hija, que es de la generación del milenio, para dejarle saber que podía seguir adelante con sus planes de visitar La Habana: Puedes reservar tu crucero” comenta Santiago en su artículo.
El proceso de reversión instigado por los congresistas cubanoamericanos Marco Rubio y Mario Diaz-Balart– exime a las industrias de las aerolíneas y los cruceros, industrias que podrían haber perdido $3,500 millones de haber tenido lugar un cambio en las regulaciones del Departamento del Tesoro que les permite añadir los puertos de escala cubanos a sus itinerarios caribeños.
A juicio de la articulista lo que se modificó fue decirle “turismo” a los cruceros, y prohibir que se bañen en las playas. Esa es la única parte clara de la política de viajes de Trump-Rubio-Diaz-Balart, según la define una directiva de ocho páginas obtenida por el Miami Herald.
“Lo demás está todo patas arriba” asegura
Describe cómo Trump y su “pandilla de asistentes de línea dura” dieron marcha atrás al verdadero intercambio entre pueblos: “el de los viajeros estadounidenses independientes que se quedan en casas y apartamentos de Airbnb o en casas particulares, comen en paladares privados por toda la isla, visitan por iniciativa propia a los artistas independientes y a los cuentapropistas, y se preocupan de conocer a los cubanos de uno en uno”.
“Las nuevas reglas obligan a los estadounidenses a viajar en grupos organizados por operadores de giras u organizaciones aprobadas por el Departamento del Tesoro. Esto no tiene pies ni cabeza”.
El propósito de restringir el flujo de dinero a las fuerzas armadas de Cuba, dueñas del 60 por ciento del turismo, controlado por el Estado, a través de GAESA, se pierde por completo por esta decisión.
“Cuando se obliga a los viajeros a viajar a través de las compañías de giras, se está enviando el negocio a los hoteles estatales y las instituciones estatales. El único valor que veo aquí es entregarles el monopolio de los viajes a Cuba a los operadores de giras estadounidenses” continúa.
“Todo el que haya ido a Cuba en los últimos 50 años sabe que obligar a los viajeros de Estados Unidos a ir en giras de grupo es una manera garantizada de afectar a los empresarios particulares”, dijo en Twitter Tomás Bilbao, director general de Avila Strategies. “Airbnb en Cuba no puede acomodar giras de grupo… Los viajeros individuales son lo que ayuda a vivir a los empresarios”.
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