Casi 58 años de férrea dictadura comunista están terminando en Cuba. Al menos esa parece ser la señal que se transmite con la desaparición del tirano mayor. Y precisamente, es en esta etapa de transición cuando el pueblo de Cuba necesita más ayuda.
¿Qué se puede esperar en el corto plazo? El gobierno cubano está temeroso de una reacción vigorosa interna y externa, a raíz de la muerte de su líder. Eso se dejó entrever con los recientes ejercicios militares, previos o no, al fallecimiento de Castro. El mensaje es “estamos preparados para defender la revolución”.
¿Cuál revolución? La verdadera fue en 1959. Después se han revolucionado muchas cosas; la inexistencia de industrias básicas, la expropiación de bienes privados, la ausencia de partidos políticos, el abarrotamiento de las cárceles, la negación de libertad de expresión y la exportación de ideas subversivas a Latinoamérica y el mundo.
Se puede esperar que el régimen intensifique la opresión como medida cautelar. Más acciones de brigadas callejeras contra cualquier intento de motín. Más represalias contra las Damas de Blanco. Más vigilancia de las viviendas de opositores. En fin, toda una serie de operaciones de inteligencia propias de una dictadura cuando su jefe desaparece.
¿Cuál debe ser la función de EEUU ahora? ¿Acaso romper con el régimen como respuesta a este momento coyuntural? Geopolíticamente hablando, no parece ser una reacción inteligente.
Muchos opinan que las relaciones con Cuba han oxigenado al régimen y prolongado su vida. Sin embargo, tenemos que reconocer que ese sistema ha estado en un “período especial” por más de 50 años, es decir, si la normalización de relaciones no existiera, ese eterno “período especial” simplemente hubiera continuado. La represión y falta de libertades existían antes y continúan ahora.
Si EEUU rompe con Cuba todo queda igual, menos algo muy importante; la apertura económica que paulatinamente beneficia al sufrido pueblo cubano.
Los numerosos viajes de cubanos y norteamericanos a Cuba, por mar y aire, son masivos ahora, al punto que la demanda supera a la oferta y las reservaciones se agotan. ¿Quién puede negar que esto beneficia al cubano de a pie? Los servicios al turismo son extensivos. Muchos cubanos rentan espacios económicos al mejor estilo bed and breakfast norteamericano. Otros ofrecen métodos de transporte mediante automóviles reconstruidos durante 50 años por los geniales mecánicos de la isla. Algunos deleitan a los más exigentes comensales en los diversos restaurantes caseros conocidos como paladares. Una multitud vende artesanía y productos variados a los turistas en las playas y parques.
Algunos políticos locales se han dado a la tarea de promocionar un endurecimiento o finiquito de las relaciones diplomáticas. Si fuera así, ya vimos que los más perjudicados serían los cubanos “cuentapropistas” que ganan su sustento día a día. Nos preguntamos: si los cubanos han logrado establecer negocios propios con una total falta de suministros, ¿qué pasaría si el dólar llegara a circular profusamente en Cuba? El auge económico aceleraría el derrumbe de la dictadura.
Siempre que hay perjudicados es porque existen beneficiados. ¿Quiénes se benefician, o sea, quiénes son los interesados en romper relaciones?
Cuba actualmente es un centro turístico multitudinario. Sus playas y paisajes naturales están clasificados entre los mejores del mundo. La simpatía y la amabilidad innata del cubano es un imán para el turista. La hermosura y candidez de la mujer cubana es reconocida mundialmente.
Todo esto hace de Cuba un lugar ideal para establecer un polo de desarrollo turístico mundial. Ello requiere de inversiones múltiples, capaces de reconstruir la isla por completo. Un capital de unos $100.000 millones pudiera levantar hoteles y remozar ciudades enteras. Esto significa empleos y negocios.
Por supuesto, existen sectores interesados en que el turismo no se escape a Cuba. A ellos no les importa las necesidades del pueblo cubano.
Se dice que cuando el cerebro deja de funcionar, el cuerpo cae solo. Donald Trump no debe abandonar a los cubanos en este momento. Por el contrario, como brillante negociante debería pensar en la forma de llegar a un acuerdo para invertir masivamente en Cuba. El futuro es promisorio.
Por Benjamín Deyurre
Publicado originalmente en El Nuevo Herald