Preso político narra la crisis alimentaria en cárceles cubanas provocada por el régimen

La crisis alimentaria en cárceles cubanas volvió a quedar en evidencia tras el testimonio del preso político Yasser Fernando Rodríguez González, quien denunció el sadismo de un sistema que utiliza el hambre como herramienta de control y tortura, en su caso, en el penal de Combinado de Sandino, Pinar del Río.

La dictadura castrista, en su afán de mantener el dominio absoluto sobre los cuerpos de quienes disienten, prefiere ver a los internos consumirse por la inanición antes que permitir alternativas de autosustento que alivien la desesperante escasez de víveres en el sistema penitenciario.

Preso político cuenta cómo es la crisis alimentaria en cárceles cubanas
Preso político Yasser Fernando Rodríguez

El hambre como método de castigo del régimen

A pesar de que muchos centros penitenciarios posee amplios terrenos cultivables en sus alrededores, las autoridades de la prisión bloquean cualquier iniciativa para que los reos trabajen la tierra y generen su propia comida.

Esta negligencia criminal demuestra que la crisis alimentaria en cárceles cubanas no es un subproducto del azar o de factores externos, sino de una maniobra diseñada para quebrar la voluntad de los prisioneros.

Rodríguez González, condenado a siete años por llamar a la libertad en redes sociales, describió en conversación con Martí Noticias un panorama dantesco donde la desnutrición forzosa es la norma diaria.

Según su relato, la dieta consiste en un picadillo que es puro líquido, pastas infestadas de parásitos y caldos que solo contienen el agua residual de las viandas. Estas condiciones, que violan cualquier estándar internacional de derechos humanos, confirman que la crisis alimentaria en cárceles cubanas alcanzó niveles de crueldad absoluta.

El prisionero detalló que el desayuno se limita a un trozo de pan del tamaño de una moneda y un refresco sin endulzar, una ración que resulta insultante frente a las necesidades biológicas básicas.

Fachadas para ocultar la crisis alimentaria en cárceles cubanas

La manipulación de la realidad también ocurre dentro de los muros. El preso político señaló que el régimen monta una fachada de cumplimiento normativo solo cuando recibe inspecciones desde La Habana. En esos momentos, las raciones aumentan de forma efímera para ocultar que la verdadera crisis alimentaria en cárceles cubanas es un secreto a voces que las autoridades intentan sepultar bajo reportes falsos.

Sin embargo, la realidad cotidiana para los internos es recibir apenas entre 10 y 20 gramos de arroz por comida, una cantidad que no permite siquiera el mantenimiento de las funciones vitales básicas.

Las cifras que rodean este escenario son aterradoras. Mientras un adulto requiere un promedio de 2,500 calorías para funcionar, organizaciones de derechos humanos como Prisoners Defenders documentan que en las prisiones de la isla la ingesta oscila entre las 250 y 353 calorías. Este déficit masivo explica por qué la crisis alimentaria en cárceles cubanas está matando a los prisioneros de forma silenciosa pero constante.

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Consecuencias sanitarias de la desnutrición

Rodríguez González denunció que esta debilidad extrema facilita la propagación de enfermedades que el régimen intenta catalogar como virus comunes. “Hay un virus que dicen que es hepatitis, pero tiene que ser la anemia; al bajar la defensa, entra cualquier cosa. Hay gente que se ha muerto, otros hospitalizados vomitando y defecando sangre”, relató el activista con crudeza ante el medio citado.

Para el mundo exterior, la situación representa un desafío a la conciencia internacional. El uso del hambre como castigo es una de las violaciones más graves a la dignidad humana. En el Combinado de Sandino, el hacinamiento y la falta de medicinas se combinan con la crisis alimentaria en cárceles cubanas para crear un infierno donde sobrevivir es un acto de resistencia política.

Cada gramo de arroz que falta en el plato de un recluso es un recordatorio de la ineficiencia y la maldad de un modelo que desprecia la vida de sus ciudadanos, especialmente de aquellos que, como Yasser Fernando, se atrevieron a pedir el fin de la dictadura.

La crisis alimentaria en cárceles cubanas no terminará mientras el régimen mantenga el control sobre cada aspecto de la existencia humana. La desnutrición en la isla no es un accidente, sino un arma de guerra contra el pueblo cubano y sus hijos más vulnerables, quienes hoy languidecen en celdas putrefactas, esperando un bocado que nunca llega mientras sus cuerpos se apagan.

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