Esbirros del régimen castrista propinaron una brutal golpiza al preso político cubano Ramón Pérez Conde en el penal Combinado del Este, evidenciando una vez más la naturaleza criminal de un sistema que no tolera la mínima disidencia.
El activista, quien cumple una injusta condena de 12 años bajo el falso cargo de “propaganda enemiga”, fue objeto de una agresión física perpetrada por los mismos verdugos que deberían custodiar la integridad de los reclusos. Este suceso, que tuvo lugar el pasado viernes 22 de mayo, se suma a la larga lista de abusos y atropellos cometidos por la dictadura contra quienes levantan su voz por la libertad.
En declaraciones ofrecidas vía telefónica este lunes al medio independiente CubaNet, Pérez Conde relató el momento en que la saña oficialista se desató contra él. Mientras se encontraba fuera de su celda, un grupo de cinco esbirros irrumpió en su cubículo bajo un ambiente de hostigamiento constante.

“Me empezaron a llamar todos y les dije ‘¿Con cuál voy a hablar, porque me están gritando todos a la misma vez?’. Entonces me dijeron: ‘No boconees tanto’. Luego me empujaron para dentro de la celda y me esposaron”, detalló el preso político cubano.
Tortura dentro del Combinado del Este
La agresión escaló de inmediato. El oficial identificado como “Yuniel”, quien funge como segundo jefe de unidad, arremetió directamente contra Pérez Conde. Según el testimonio de la víctima, el funcionario le propinó dos bofetadas en el rostro mientras un cómplice lo sujetaba violentamente por el cuello, en un intento deliberado por silenciar sus protestas.
El valiente opositor, lejos de intimidarse ante la violencia institucional, respondió con la consigna que tanto aterra a la cúpula dictatorial. “Me metió contra la pared del baño y yo empecé a gritar ‘¡Abajo Raúl!’. Cuando comencé a gritar me apretó tanto el cuello que por poco me asfixia. Todavía lo tengo inflamado”, denunció el preso político cubano, quien además permaneció esposado durante cinco horas como castigo adicional por su rebeldía.
El castigo al preso político cubano por pensar diferente
Ramón Pérez Conde, conocido cariñosamente como Moncho, sufrió su detención a finales de junio de 2021. La dictadura, temerosa de la influencia de sus mensajes en redes sociales, decidió encarcelarlo bajo el pretexto de que sus transmisiones en vivo estimulaban a los ciudadanos “a pronunciarse contra el Estado”.
El acta de sentencia, un documento que delata el carácter represivo del sistema judicial cubano, sostiene que su actividad poseía “contenido contrarrevolucionario” y buscaba el derrocamiento del régimen socialista.
Para el preso político cubano, cada día tras las rejas en una prisión de máxima seguridad es un testimonio de su inquebrantable postura. La violencia empleada en su contra busca quebrar su voluntad, pero solo logra exhibir la fragilidad de una tiranía que depende de la tortura para mantenerse en el poder.
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La situación de Pérez Conde es una muestra clara del terror impuesto en los penales de la isla, donde la integridad física de los opositores pende de un hilo ante el sadismo de los carceleros.
La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos deben observar este caso como un recordatorio de la urgencia de justicia para las víctimas del castrismo.
Mientras el preso político cubano resiste en la oscuridad del Combinado del Este, el régimen intenta ocultar sus crímenes mediante el aislamiento y la fuerza bruta. No obstante, el nombre de Ramón Pérez Conde es otro símbolo de resistencia frente a una dictadura que, a pesar de su brutalidad, no logra doblegar la dignidad de un hombre decidido a luchar por la libertad de su patria.