Las cárceles en Cuba son más que nunca un centro de torturas contra disidentes, y así lo hizo saber el preso político Dixan Gaínza Moré, cuya voz ha logrado romper el muro de silencio impuesto por la dictadura.
Desde las entrañas de la prisión Kilo 8, en la provincia de Camagüey, este hombre de 40 años lanzó un desgarrador testimonio que expone la perversidad de un sistema que utiliza el hambre como arma de aniquilación contra quienes osan desafiar su tiranía.
La maquinaria del terror castrista
El comunicado, difundido por Martí Noticias mediante una grabación, funciona como un martillazo contra la fachada de supuesta legalidad del castrismo. Gaínza Moré, quien purga una condena de 6 años tras ser arrestado violentamente en su propia vivienda durante las históricas protestas de julio de 2021, no solo denuncia su calvario, sino que desnuda la maquinaria estatal encargada de triturar la dignidad humana.
Las acusaciones que la Fiscalía fabricó en su contra —atentado, desórdenes públicos y propagación de epidemias— representan el manual clásico de una tiranía que criminaliza la disidencia para ocultar su fracaso político.
Gaínza Moré, convertido en un referente de resistencia como preso político, no se guarda nada al señalar a los responsables de esta tragedia humanitaria. En su declaración, arremetió contra la cúpula que mantiene secuestrada a la nación.
“Nosotros, la oposición patriota cubana, patentizamos nuestra firme y más enérgica condena al Partido Comunista de Cuba por negarle al pueblo cubano los derechos fundamentales a las libertades democráticas y a decidir de verdad, en elecciones justas, su propio destino”.
Estructura represiva contra la disidencia
La denuncia es feroz y detalla una estructura opresiva coordinada. Según el testimonio del preso político, la arquitectura del terror no actúa por azar, sino bajo un diseño milimétricamente calculado.
“El régimen cubano continúa aplicando contra los prisioneros políticos una política judicial selectiva, discriminatoria, cruel y políticamente motivada, ejecutada por los órganos represivos de la policía secreta conocida como la seguridad del estado en complejidad abierta con la fiscalía y Ministerio del Interior de Cuba”, sentenció Gaínza Moré.

Esta trinidad represiva —Seguridad del Estado, Fiscalía y Ministerio del Interior— opera con total impunidad, garantizando que el castigo sea ejemplarizante y doloroso.
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El hambre como arma de aniquilación
El núcleo de esta revelación se centra en las condiciones infrahumanas que convierten a Kilo 8 (y todos los penales de la isla) en un matadero de voluntades. La desnutrición ya no es una consecuencia secundaria, sino una política deliberada.
El preso político subraya que el deterioro físico de los internos alcanza niveles insostenibles, donde el hambre se usa como herramienta de dominación. “En las prisiones cubanas es visible hoy y ahora el aumento desmedido de hombres y mujeres con bajo peso, desnutrición y salud gravemente deteriorada”, advirtió con firmeza desde su celda.
La resistencia ante el terror
El informe detalla además cómo el régimen asfixia a la sociedad civil. La prohibición absoluta de cualquier manifestación pública es la columna que sostiene un edificio estatal carcomido por el miedo al pueblo.
Al mantenerse tras los barrotes, Gaínza Moré, como un preso político que conoce de primera mano el costo de la libertad, cuestiona la falta de ética de un régimen que se niega a liberar a los manifestantes del 11 de julio.
Este preso político camagüeyano personifica la lucha contra una dictadura que, ante la falta de legitimidad, responde con la celda y la hambruna. Su denuncia, lanzada desde el centro de la represión, trasciende las paredes de Kilo 8 y se instala como una prueba irrefutable de que el castrismo sigue sin piedad su política de aniquilamiento contra todo cubano que se niegue a doblegarse ante el poder totalitario.