La cifra de presos políticos en Cuba no deja de crecer con el paso el tiempo, demostrando que el régimen castrista intensifica su cobarde represión contra cualquier ciudadano que ose levantar la voz.
El último informe publicado por Prisoners Defenders revela una realidad atroz: al cerrar el mes de mayo, la dictadura mantiene tras las rejas a 1.281 personas, marcando un nuevo récord histórico que avergüenza a cualquier persona de bien.
Esta cifra no es solo un número; es la evidencia tangible de un aparato estatal que devora a su propio pueblo. Durante el pasado mes, la maquinaria del terror sumó 28 nuevas detenciones arbitrarias, dejando claro que el miedo es la única herramienta que mantiene a la cúpula aferrada al poder. Lejos de detenerse, la estructura opresora continúa operando con total impunidad mientras el país se hunde en una miseria sin retorno.
🚨 NUEVO RÉCORD DE REPRESIÓN EN CUBA
— Prisoners Defenders (@PrisonersDFNdrs) June 11, 2026
La cifra de prisioneros políticos en Cuba ha alcanzado los 1.281, la más alta registrada por Prisoners Defenders.
Solo en mayo:
▪️ 28 nuevos presos políticos.
▪️ 1 nueva muerte bajo custodia estatal.
▪️ Los presos políticos, en situación… pic.twitter.com/aKbLg25OaT
La muerte como herramienta de control
Dentro de este panorama dantesco, la muerte se apodera de las prisiones. El 13 de mayo, la vida de Ernesto Brieva Sempé, de 52 años, se apagó en el Combinado del Este. La desnutrición grave que padecía y una enfermedad renal crónica que el régimen decidió ignorar, al no proveerle la hemodiálisis necesaria, resultaron incompatibles con la vida.
La burocracia de la muerte, a través de Medicina Legal, dictaminó con cinismo que la causa fue un “daño múltiple de órganos”. Brieva Sempé es solo uno de los seis fallecidos bajo la responsabilidad estatal desde 2023, una lista negra que incluye a nombres como Luis Barrios Díaz, Yosandri Mulet, Geraldo Díaz Alonso, Manuel de Jesús Guillén Esplugas y Luis Miguel Oña.
La tortura médica y el encierro sistemático
La situación de los presos políticos en Cuba es una afrenta a la dignidad humana. Actualmente, 449 reclusos sufren patologías graves provocadas por condiciones de cautiverio infrahumanas, mientras que 52 personas enfrentan trastornos mentales severos sin recibir ni un ápice de atención médica adecuada.
El informe de Prisoners Defenders detalla cómo el régimen utiliza la salud como un arma de castigo, convirtiendo las celdas en verdaderos campos de concentración.
La represión no distingue edad ni condición. En la provincia de Holguín, tras las protestas del 19 de mayo en Antilla, el despliegue policial fue brutal. Allí, 14 personas fueron enviadas a prisión, incluyendo a cuatro integrantes de la familia Thope.
Entre ellos aparecen Yaquelín Thope Infante, una mujer de 54 años, fue arrestada sin orden judicial cuando presentaba un cuadro febril. Su hijo, Israel Espinosa Thope, fue perseguido como un delincuente hasta que la presión sobre su familia forzó su entrega.

Asimismo, fueron detenidos Léster Osvaldo Martínez Vásquez y Rafael Batista Infante, este último con graves trastornos mentales y alcoholismo crónico. Los agentes, en una maniobra de extorsión vil, condicionaron la libertad de los detenidos a la rendición de Israel.
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Persecución contra la mujer y disidentes
Otro caso que retrata la crueldad del régimen contra las mujeres es el de la dermatóloga Sordey Ballester Horta, detenida en Matanzas solo por fotografiar un cartel que rezaba: “Abajo la dictadura”. Los esbirros que la interceptaron en el Hospital de Cárdenas justificaron su acción cínicamente, diciéndole que estaba “en el lugar y el momento equivocado”.
Asimismo, Yunaiky de la Caridad Linares Rodríguez volvió a las mazmorras en La Habana por el simple hecho de defender a un menor que era golpeado por la policía durante una protesta por la falta de agua y electricidad.
Todos estos casos no hacen más que evidenciar, una vez más, que los presos políticos en Cuba son, en definitiva, rehenes de una tiranía que no perdona la disidencia.
Un futuro marcado por la resistencia
A pesar de que el régimen pretende vender al mundo una imagen de normalidad, los datos de presos políticos en Cuba demuestran lo contrario: desde julio de 2021, la cifra de personas encarceladas alcanza las 2.076. Con 147 mujeres y 34 menores de edad encerrados, la dictadura no muestra remordimiento alguno.
En los últimos 12 meses, el promedio de nuevos encarcelamientos asciende a 20 personas mensuales. La realidad es que el número de presos políticos en Cuba continuará aumentando mientras el criminal castrismo mantenga su puño de hierro.
La comunidad internacional deberá entender pronto que los presos políticos en Cuba representan la lucha de un pueblo por su libertad, y que la existencia estos es el mayor testimonio del colapso ético del régimen.