Denuncian torturas y privación de agua contra reclusos en la prisión de Canaleta

En la prisión de Canaleta, provincia de Ciego de Ávila, la situación se torna cada vez más alarmante debido a un sistema de tortura sistemática implementado por el aparato represivo del régimen cubano, que utiliza la sed y el aislamiento como armas para quebrar la voluntad de quienes osan desafiar su autoridad.

Este centro penitenciario se consolidó como un símbolo del horror donde la dignidad humana carece de valor frente a la voluntad de una dictadura que se desmorona pero que aún mantiene sus garras clavadas en sus víctimas.

La maquinaria del terror en Ciego de Ávila

La cúpula castrista, en su desesperación por silenciar cualquier foco de resistencia, utiliza métodos dignos de la época medieval. Yonimiler Del Río Polo, representante del Movimiento de Derechos Humanos Mario Manuel de la Peña, expuso recientemente que aquellos internos que deciden elevar su voz contra las arbitrariedades dentro de la prisión de Canaleta son enviados de inmediato a celdas de castigo.

En estos cubículos de aislamiento, la estrategia del régimen busca el aniquilamiento físico y psicológico mediante una privación de agua que desafía toda norma internacional de derechos humanos.

Denuncia sobre situación en prisión de Canaleta
Foto: Facebook

La realidad que enfrentan los reclusos en estas celdas es desgarradora. Sobre este punto, Del Río Polo fue tajante al describir la precariedad extrema: “Los asesinos que atienden a los reos solo le suministran un cubo de agua para que realicen todas sus necesidades en 24 horas, con esa cantidad tienen que lavar sus ropas, tomar de ella, higienizar las letrinas, bañarse”.

Esta medida, lejos de ser un descuido administrativo, constituye un acto de crueldad planificado para someter a los disidentes. Las autoridades pretenden doblegar a los prisioneros mediante el hambre y la sed, convirtiendo la supervivencia diaria en una lucha titánica contra una dictadura criminal.

Ejecutores de la represión y causas fabricadas

El entramado represivo en Ciego de Ávila tiene nombres y apellidos. El activista identificó como responsables directos al Coronel Luis Ernesto Castellano Dobao, delegado del Ministerio del Interior en la provincia, y al Teniente Coronel Juan Miguel Sánchez Duarte, quien funge como jefe del Órgano de Cárceles y Prisiones.

Estos sujetos ejecutan una política de terror donde cualquier queja es respondida con represalias brutales. Si un prisionero se atreve a protestar por las condiciones infrahumanas de la prisión de Canaleta, el régimen lo acusa falsamente de “desorden público” o “desacato”, fabricando causas judiciales para incrementar las condenas y asegurar que el opositor nunca recupere su libertad.

Esbirros de la prisión de Canaleta
Esbirros responsables de la precaria situación en Canaleta / Foto: Facebook

La impunidad con la que operan estos esbirros refleja la naturaleza del sistema político imperante en la isla. Sobre esta dinámica, el activista sentenció: “La dirección de ese centro, en represalia a las protestas internas de los reclusos, demuestra una vez más que tanto esa población como la de fuera de la prisión está viviendo una dictadura abiertamente, sin importar la opinión pública internacional”.

La prisión de Canaleta funciona, de facto, como un laboratorio de control social donde el régimen mide hasta qué punto puede llegar sin provocar una respuesta contundente de la comunidad democrática mundial.

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Un historial de sangre y silencio oficial

Los antecedentes de este penal son una mancha imborrable en el expediente de la dictadura. Apenas cuatro meses atrás, una brutal rebelión estalló en sus muros después de que carceleros golpearan a un joven por exigir comida.

Aquel estallido de furia fue reprimido con una violencia desmedida, empleando balas de goma y gas pimienta contra hombres indefensos. Informes de Prisoners Defenders sugieren una cifra de entre siete y 10 muertos durante la represión, una masacre que el Ministerio del Interior ocultó deliberadamente, negándose a confirmar los hechos mientras los cuerpos de las víctimas eran enterrados bajo el silencio oficial.

La denuncia concluyó con una petición desesperada dirigida a quienes todavía conservan un ápice de humanidad frente al sufrimiento ajeno. “Le pedimos a las organizaciones de defensoría de los derechos humanos que tomen muy en serio lo aquí explicado y tomen carta en el asunto en defensa de estos reclusos”, exhortó Del Río Polo.

Mientras el régimen mantiene su política de exterminio lento en la prisión de Canaleta, el mundo observa impotente ante una dictadura que no conoce la compasión y que, día tras día, escribe una página más en su historia de sangre y humillaciones.

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