A propósito de la expresión “doble rasero”

Los artistas de la palabra, siempre inquietos por encontrar enrevesados trillos, han tomado el vocablo –”rasero”– del diccionario español y llevado a lo literario con el propósito de enriquecer el idioma. Nada nuevo bajo el Sol. Estos “artistas” de la expresión cada día complican más nuestro idioma que, ya embarazoso desde Cervantes, se convierte en difícil para los menos letrados. Por supuesto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba no podía quedar al margen de estos giros simbólicos. Claro que habría sido fácil y asequible –pero menos hermoso– decir doble moral o la asignación de hipócrita, a la hora de calificar la postura de algunas políticas contendientes. Y como la frase doble rasero está de moda en la actualidad, hoy me ha dado por utilizarla.

En estos días La Habana fue sede de un acontecimiento que sembrará un hito en la historia del cristianismo: el encuentro fraternal del papa Francisco con el líder de la iglesia ortodoxa rusa, cuyas relaciones estuvieron fragmentadas por más de un milenio. Los ortodoxos nunca han querido bajar el moño a la autoridad romana; y eso no es nuevo: los luteranos tampoco, ni los anglicanos, ni los Testigos de Jehová, etc. Lo más doloroso es que todos se pronuncian cristianos, tienen por libro rector la Biblia y, según aseguran, son los verdaderos representantes del cristianismo. Sin embargo, exceptuando a muy pocas denominaciones, los ortodoxos rinden obediencia a los gobernantes de su país a pesar de sus regímenes autocráticos y le ofrecen obediencia suma en más alto grado que al mismísimo Ser Supremo; hay por ahí quienes aseguran –yo no, Dios me libre– que los católicos también… ¡Vaya paradoja!

Pero es interesante anotar que, parecido a como sucedió al cristianismo en Cuba en los años sesenta –aunque allá con sangre y acá con UMAP–, la iglesia ortodoxa rusa sufrió bajo el liderazgo soviético una férrea persecución a pesar de que el patriarca Sergei en 1927 proclamó su lealtad al poder soviético. Durante los gobiernos de Lenin y Stalin se habla de 95000 clérigos asesinados. Sin embargo, cuando la Segunda Guerra Mundial, a Stalin no le quedó otra opción que asimilar a los líderes ortodoxos de su pueblo y pedir su ayuda, tanto espiritual para levantar el ánimo de los combatientes, como material en la implementación de colectas y reclutamiento de religiosos directamente al frente de batalla.

Como bien dijera el General Presidente durante el encuentro de reconciliación entre Francisco y Kiril, “Cuba” se está convirtiendo en la sede por excelencia de la paz internacional. ¡Vaya, otra vez la paradoja! ¿Quién iba a imaginarlo después de las guerrillas de los años sesenta? Se ha logrado la paz entre dos denominaciones cristianas antagónicas y se está luchando por alcanzar el entendimiento entre las FARC y el gobierno de Colombia. Sería maravilloso traer a la mesa de negociaciones a los fundamentalistas árabes. ¡Quién sabe! ¿Lo increíble no ha sido conseguir la paz con un enemigo poderoso que durante más de cincuenta años acabó con nuestra economía, nuestra infraestructura y nos ha robado casi una tercera parte de nuestro pueblo?

Con todo este fardo a cuestas, me preocupan bastante algunos comentarios sobre la demolición de locales místicos que se han llevado a cabo recientemente contra la nueva denominación de cristianos que se hace llamar “Apóstoles”. Aquí en Camagüey arrasaron el salón donde se reunían; se dice que en Las Tunas y Santiago de Cuba también. Sería bueno conocer qué hacen de malo estos creyentes en un país donde la religión es categóricamente respetada. ¿Será porque no se pliegan a la obediencia gubernamental? Bueno, si la Biblia no miente, esa fue una de las causales de base por la que crucificaron al Nazareno hace dos mil años.

También me preocupa por qué todos los domingos, desde antes de la misa, frente a la iglesia de Santa Ana, aledaña a mi casa, se sitúan autos patrulleros y agentes policiales, y luego de cerrado el templo se marchan. ¿Es que hay acaso alguna amenaza de peligro para el sacerdote o los feligreses de la iglesia Santa Ana en mi querida ciudad?

Por último me he podido enterar, gracias a fuentes fidedignas, que el Obispo de Camagüey ha solicitado se permita la venta de Biblias durante la próxima Feria del Libro provincial que tendrá efecto en abril de este año, pero la Dirección Nacional del Libro ha denegado la solicitud. Ni siquiera monseñor Juan ha pedido la exposición de otros libros de carácter religioso: solo de Biblias, el mismo libro por el que se rigen el papa Francisco y el líder de la iglesia ortodoxa rusa, cuya reconciliación es un orgullo para el Gobierno de Cuba.

No quiero ni pensar que esa frasecita generalizada: “doble rasero“, tenga lugar como calificativo justo en la política religiosa del gobierno de este país.

 Por: Pedro Armando Junco

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