Luego del secuestro del rapero cubano Andrés Matos Alcántara, conocido como MC K-Libre, el Observatorio de Derechos Culturales señaló la naturaleza represiva de este nuevo atropello dictatorial.
La maquinaria del terrorismo de Estado en la isla volvió a actuar con su manual de impunidad, esta vez enfocando su diana en una voz que incomoda al régimen por su honestidad lírica. La detención no constituye un hecho aislado, sino una pieza más en el engranaje de asfixia sistemática que la dictadura impone sobre cualquier individuo que ose cuestionar su decadente realidad.
La desaparición forzada de un artista
La organización civil, a través de sus especialistas, denunció que este rapero cubano sufrió una desaparición forzada de facto tras ser citado a una unidad policial en el municipio habanero de Playa el pasado 25 de junio.
La farsa comenzó bajo la premisa de una simple entrevista, pero terminó en el encierro tras las rejas de la Quinta Unidad, sin que sus familiares obtuvieran respuestas claras durante días. El régimen, fiel a su tradición, bloqueó el acceso a la información mínima indispensable, negando a la defensa su derecho fundamental a conocer el estado del caso.
Arbitrariedad y desprecio por la ley
Anamely Ramos, curadora de arte y voz autorizada del Observatorio, fue tajante al describir ante Martí Noticias la ilegalidad que impera en los calabozos del castrismo. “Fue una situación que se convirtió automáticamente en detención y después comenzaron a aparecer los elementos propios de este patrón de violaciones de la propia Ley de Proceso Penal cubana, que tienen que ver con no darle a la familia la información en el tiempo requerido ni con todos los elementos necesarios”, señaló.
La legislación penal en la isla (y manejada por el régimen a su más puro antojo) es ignorada de manera cínica por los agentes del Ministerio del Interior. La norma establece que cualquier ciudadano detenido durante más de veinticuatro horas debe recibir una imputación formal y conocer su medida cautelar.
Sin embargo, el castrismo prefiere la oscuridad. Ramos enfatizó esta práctica criminal al recordar: “No le están dando a las familias ni el número de expediente; a veces ni siquiera el delito. En el caso de Matos sí les dijeron que lo iban a acusar de desórdenes públicos, pero dilataron todos los demás datos”.
El patrón de criminalización política
La estrategia es clara: desgastar a través de la incertidumbre. El traslado del rapero cubano hacia la prisión de Valle Grande bajo la acusación prefabricada de desórdenes públicos confirma la voluntad política del régimen de silenciar cualquier manifestación de disidencia. Para los represores, la música de MC K-Libre no es arte, es una amenaza. Cada verso que denuncia la censura y la miseria imperante en la isla se convierte, a ojos de los tiranos, en un arma que debe neutralizarse mediante el encierro.
Resulta evidente que este rapero cubano paga hoy el precio de haber alzado su voz contra un sistema que sobrevive gracias al miedo y al encarcelamiento de sus propios ciudadanos. Como señaló el Observatorio, la detención es un acto de venganza política. “Todos sabemos que Matos está detenido por la libertad de expresión que ha venido ejerciendo, por sus canciones, por las cosas que ha estado diciendo desde sus redes y porque ni siquiera se tiene claridad sobre cuál fue su rol dentro de la protesta. Por eso asumimos que está preso por motivos políticos y, sobre todo, por ejercer su libertad de expresión”, sentenció Ramos.
Exigencia de libertad inmediata
La dictadura continúa así su escalada contra los creadores. El caso de este rapero cubano es solo un eslabón más en la larga cadena de atropellos que definen la cotidianidad de la isla. Mientras la comunidad internacional observa el incesante desfile de artistas hacia las cárceles, el régimen se hunde en su propio aislamiento, intentando en vano callar la conciencia de un pueblo que ya no teme.
El Observatorio de Derechos Culturales exigió la liberación inmediata de MC K-Libre, pero las autoridades cubanas, sordas ante el clamor de justicia, prefieren mantener su postura criminal.
Cada día que este rapero cubano permanece en una celda representa una mancha imborrable para quienes sostienen el poder mediante la violencia. La historia juzgará a los verdugos, pero mientras tanto, la lucha por la libertad de expresión sigue siendo el frente de batalla principal en un país convertido en una inmensa cárcel.