La Fiscalía Provincial de La Habana archivó este lunes el proceso penal abierto contra Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, y levantó las medidas de reclusión domiciliaria y la restricción migratoria que el régimen les había impuesto desde inicios de marzo.
El caso expuso durante semanas ante el mundo el mecanismo represivo que la dictadura cubana despliega contra cualquier ciudadano que ose apuntar con una cámara a uno de sus esbirros.
La joven creadora de contenido de 21 años salió de la notificación en una unidad policial de Alamar con el expediente cerrado, pero también con un interrogatorio de más de dos horas a cuestas, durante el cual los represores de la Contrainteligencia intentaron, según relató ella misma en Facebook, algo más retorcido que una simple amenaza.
El guión que la dictadura usó para intentar comprarla
Anna Bensi describió con precisión lo que ocurrió dentro de esa unidad policial, y el relato revela más sobre el funcionamiento del régimen que cualquier comunicado oficial.
“La conclusión del interrogatorio con la Contrainteligencia de la Dictadura Cubana fue manipularme a través de un guión amistoso mostrando preocupación por mí y reclutarme a través de la música y que me calle, o reunirme con mi hermana y mi mamá o lamentar que pase mis días de la juventud encerrada en una prisión penitenciaria”, escribió la joven sin dejar margen para la ambigüedad.
No era una amenaza torpe ni un arrebato de un agente sin instrucciones: era un protocolo calculado, la misma táctica que los sicarios de la Seguridad del Estado aplican cuando quieren silenciar sin que quede registro de una orden explícita.
Lo que ella respondió y lo que el régimen no esperaba
Anna Bensi rechazó el reclutamiento, el silencio y la presión, y lo hizo con palabras que el régimen lleva décadas intentando extinguir en la población cubana.
“Jamás he caído en delito alguno. Lo que he hecho, desde el día uno, ha sido por convicción. Y porque tengo fe en que la verdad tiene que triunfar. Expresar mi posición política y mi pensamiento acerca de mi realidad en Cuba no es delito”, afirmó en una transmisión en vivo que miles de cubanos siguieron con atención.
La joven dejó una última advertencia que el régimen no puede ignorar: “Si piensan callarme, están muy equivocados, a menos que me metan presa”.
Cómo comenzó todo: un video y un esbirro identificado
El proceso arrancó el 10 de marzo, cuando la madre de Anna Bensi grabó a dos hombres vestidos de civil entregando una citación en su domicilio de Alamar, y la joven publicó el video identificando al suboficial del Ministerio del Interior Yoel Leodán Rabaza Ramos.
La dictadura respondió con el Código Penal manejado a su antojo, y en este caso lo aplicó al revés de su propósito lógico: no para proteger a una ciudadana del acoso institucional, sino para proteger al agente que fue expuesto ejerciendo ese acoso.
Ambas quedaron bajo reclusión domiciliaria, sin internet, con restricción de salida del país, y enfrentando penas potenciales de entre dos y cinco años de prisión, por haber filmado a un hombre de civil invadiendo su vivienda.
La represión que no se detuvo en la puerta de su casa
Lo que la dictadura hizo durante las semanas siguientes amplió el perímetro del acoso más allá de Anna Bensi y su madre, demostrando que el régimen trata a las familias enteras como instrumentos de presión.
Elmis Rivero Silvente, hermana de Anna y ciudadana estadounidense que viajó a Cuba por varios días para visitar a su familia y reunirse con el abogado del caso, fue retenida en el aeropuerto el día de su vuelo de regreso, le confiscaron el pasaporte y la sometieron a un interrogatorio en el que los agentes le preguntaron si Mike Hammer, jefe de misión de la Embajada de Estados Unidos, estaba “incitando a la juventud a salir a la calle”, y si se estaba “planeando algo contra el país”, todo por el simple hecho de haber visitado a su hermana.
Hammer había recorrido días antes el camino hasta Alamar para reunirse con Anna Bensi y su madre, y dejó constancia pública del encuentro: “Me contaron sobre su situación y que se encuentran bajo reclusión domiciliaria. Sofía me dijo que lo único que ha hecho es expresar sus ideas, su fe y sus aspiraciones como cubana que ama su patria”.
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Lo que el archivo del caso no borra
La decisión de la Fiscalía expuesta por Martí Noticias cierra el expediente, pero no deshace ninguna de las semanas que Anna Bensi vivió vigilada, sin internet, sin poder moverse libremente, sometida a interrogatorios y con su familia usada como palanca de presión por los represores del régimen.

Un informe sobre vigilancia digital en Cuba publicado en febrero de este año determinó que los bloqueos de aplicaciones de mensajería que el régimen aplica son selectivos y dirigidos a perfiles de activismo, y que producen autocensura efectiva: casi una cuarta parte de los afectados deja de publicar contenido político después de experimentarlos, que es exactamente el resultado que la dictadura persigue cuando le corta la comunicación a Anna Bensi y la llama para ofrecerle un trato amistoso en una sala de interrogatorios.