Régimen castrista hace su acostumbrado berrinche tras decisión de Abelardo de la Espriella de romper relaciones con Cuba (+VIDEO)

Como era esperarse, el régimen castrista salió a hacer su respectivo berrinche por la decisión tomada por el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, de romper relaciones con Cuba.

La cúpula totalitaria de La Habana no logró disimular su rabia e impotencia ante la contundente determinación del mandatario entrante en la nación cafetera, quien dejó claro que la dignidad diplomática de Bogotá no estará al servicio de tiranías ni de parásitos ideológicos.

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La noticia cayó como un jarro de agua fría en la isla, donde la dictadura, acostumbrada a la complicidad o la sumisión de gobiernos anteriores, reaccionó de inmediato con la retórica desgastada que suele desempolvar cada vez que un líder libre le propina un bofetón de realidad en el escenario internacional.

Giro radical e irreversible en la política exterior colombiana

El histórico anuncio formulado el pasado 26 de julio por el futuro mandatario colombiano representa un giro drástico e irreversible en la política exterior del país sudamericano. Abelardo de la Espriella, cuya toma de posesión está programada para el próximo 7 de agosto, confirmó que su administración liquidará sin titubeos cualquier nexo diplomático con los aparatos represivos de Cuba y Nicaragua.

Dentro de este plan de reestructuración del servicio exterior, el nuevo jefe de Estado ordenó el cierre definitivo de embajadas y consulados, enviando un mensaje tajante: bajo su mandato, Colombia no dará ni un solo soplo de aire fresco a estructuras violadoras de derechos humanos. Frente a este golpe directo al mentón, el régimen castrista intentó desesperadamente descalificar la soberana postura del líder colombiano.

Victimización y propaganda gastada

A través de un manifiesto plagado de victimismo difundido este 28 de julio, el Ministerio de Relaciones Exteriores del régimen castrista tachó la medida de “acto de subordinación” a los intereses geopolíticos de los Estados Unidos.

Fiel a su guion propagandístico, la cancillería de la isla acusó al presidente electo de Colombia de sumarse a una supuesta orquestación internacional de “división y confrontación” destinada a arrinconar al fallido modelo comunista.

Incapaz de asumir que su propia ruina y naturaleza opresora descalifican al sistema ante el mundo civilizado, el régimen castrista prefirió calumniar la autonomía del nuevo gobierno en lugar de mirarse al espejo y reconocer las razones del merecido aislamiento que sufre en la región.

Naturalmente, lo que el régimen no quiso recordar fue la injerencia de Fidel Castro en Colombia, la cual abarcó desde su presencia en el Bogotazo de 1948 hasta su papel de supuesto “mediador” en los llamados “diálogos de paz”.

Vale la pena mencionar que el Bogotazo fue un estallido de protestas, saqueos e incendios en la capital de ese país, desencadenado por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de ese año.

En 1980, Fidel Castro intervino en el conflicto colombiano al servir como mediador durante la toma de la embajada de la República Dominicana en Bogotá y ofreció nada más y nada menos que la isla como refugio para dichos guerrilleros, que durante su época activa cometieron actos de terrorismo, secuestro, y homicidio.

Chantajes ideológicos y mentiras diplomáticas

En su desesperado intento por mitigar el impacto del portazo diplomático, la dictadura alegó que una eventual ruptura formal carece de fundamentación real y perjudica los intereses históricos del pueblo colombiano. En el comunicado, la dictadura intentó resaltar supuestos intercambios académicos, acuerdos comerciales y programas de cooperación que, según su versión, trajeron dividendos a ambas naciones.

Para rematar su teatro, los voceros de la tiranía sacaron a relucir el asunto de los estudiantes colombianos de Medicina vinculados a los Acuerdos de Paz de 2016, afirmando que mantendrán sus compromisos académicos. Sin embargo, detrás de este aparente paternalismo, el régimen castrista solo busca chantajear emocionalmente para no perder la legitimidad internacional que tanto necesita para sostener su agonizante aparato de control.

El colapso del cerco ideológico y la realidad de la represión en Cuba

El berrinche radica en su incapacidad para aceptar que los países democráticos de América Latina comenzaron a cerrar el grifo a la injerencia ideológica. La cúpula habanera pretende vender la narrativa de que la decisión de De La Espriella responde a presiones dictadas desde Washington o al capricho de sectores “anticubanos”.

No obstante, la realidad resulta ineludible: décadas de represión sistemática, miseria programada, encarcelamiento de disidentes y aniquilación absoluta de las libertades políticas constituyen los verdaderos motivos por los cuales el nuevo gobierno colombiano decidió cortar de tajo con la plaga autocrática.

Al presenciar el desmoronamiento de su red de alianzas en el continente, el régimen castrista acude a la pataleta mediática para ocultar la verdadera causa de su repudio mundial.

Una nueva era geopolítica que deja en la soledad al comunismo antillano

Con la llegada del 7 de agosto, el nuevo mandato en la Casa de Nariño iniciará una era donde la firmeza ética prevalecerá sobre la complicidad con dictaduras criminales. Abelardo de la Espriella dejó en evidencia que las tiranías ya no contarán con la benevolencia de Bogotá para blanquear sus atropellos ante el mundo.

Mientras Colombia prepara las maletas diplomáticas para abandonar la isla y clausurar sus dependencias en La Habana, al régimen castrista solo le queda masticar su rabia y contemplar cómo el muro de impunidad que construyó durante décadas colapsa día tras día.

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