La ambición económica del régimen cubano, junto a su carácter indolente, se mezclan para hacer posible el levantamiento de grandes estructuras hoteleras a orillas de sus playas y de su malecón habanero, una realidad que además de restregarle en la cara a las familias sin vivienda que si hay recursos, ha ido afectando la visibilidad del paisaje natural y el equilibrio arquitectónico de la nombrada “ciudad maravilla”.
Los intereses económicos de los mandamás cubanos están primero, un descaro que resulta sorprendente al ver las imponentes edificaciones turísticas al lado de viejas edificaciones residenciales, donde numerosas familias sobreviven a los derrumbes y falta de recursos para repararlas, aunque al lado, a pocos metros un canadiense o un estadounidense toma vino con vista al mar. Según Martí Noticias.
Anacrónico
Ailec Sarduy, arquitecta, considera incongruente la composición visual que las autoridades están creando en un afanado interés por conseguir soluciones financieras a su problema de caja, sin ver más allá.
“Desde el punto de vista formal no me parece positivo la imagen que presentan estos hoteles, ya que no se evidencia una correspondencia entre las construcciones de la Habana Vieja, que son patrimoniales, con los edificios totalmente contemporáneos. Estos hoteles que ostentan un gran lujo se ven bastante anacrónicos en donde los edificios de vivienda se encuentran en muy mal estado”, opinó.
En un recorrido por alguna calle de La Habana Vieja cualquier persona puede corroborar el aspecto fantasmal y arruinado de sus edificios, que si no fueran por la ropa que cuelga en sus ventanas y balcones, muchos pensarían que están abandonados.
Derrumbes
Según estimaciones, todos los días se derrumban unas 3 viviendas en Cuba, donde las autoridades reconocen que al menos el 70% de las construcciones presentan fallas, muchas en peligro de derrumbarse siguen albergando a familias que no tienen a dónde refugiarse.
Esta semana, una casa donde habitan tres ancianos se desplomó parcialmente con el paso del tren en Pinar del Río, por suerte, nadie se encontraba transitando al frente del lugar al momento del derrumbe.
Es así como, mientras los cubanos se las ingenian para no morir aplastados en su propia casa, al no tener recursos ni dónde conseguir materiales de construcción a precios accesibles, el régimen apuesta a ampliar su industria hotelera a la que sus ciudadanos tampoco tendrán acceso, a menos que logren salir del país y luego regresar para derrochar dólares en sus instalaciones. Descaro revolucionario sin lugar a dudas.
“Antes a mi me gustaba ver mucho a La Habana, era La Habana grande, ahora no, ahora es La Habana muerta” confiesa un anciano.
Redacción Cubanos Por El Mundo