Represión en Cuba: Pastor fue víctima de esbirros de la Seguridad del Estado

La represión en Cuba volvió a escribir un capítulo en La Habana cuando los tentáculos de la dictadura se extendieron hacia el seno de la comunidad religiosa para amedrentar a quienes no se arrodillan ante la ideología oficial.

El domingo, el pastor Jatniel Pérez, figura destacada en el liderazgo evangélico y presidente nacional del Seminario Bíblico William Carey, padeció en carne propia el hostigamiento sistemático que el régimen castrista ejerce contra cualquier voz que emita un mensaje ajeno a su doctrina totalitaria.

La emboscada del régimen bajo excusas migratorias

El escenario del atropello fue el entorno del culto dominical, momento elegido quirúrgicamente por la Seguridad del Estado para desestabilizar la labor pastoral.

En la denuncia expuesta en redes sociales por los pastores Michel y Yamilet, se lee el siguiente texto:

“Acaban de venir a buscar al pastor Jatniel Pérez agentes de la Seguridad del Estado, con la justificación de una supuesta entrevista de Emigración y por solo 20 minutos, argumentando que lo traerán de regreso para el culto de adoración que comienza a las 10:00 a.m.”

Asimismo, añade: “Lo otro llamativo del discurso es que le exigieron, además de su pasaporte, que llevara su móvil, que había dejado en su casa y que le fue quitado y confiscado, al menos momentáneamente”.

Bajo la farsa de una gestión migratoria, Pérez fue trasladado en la patrulla número 110. La promesa de regresar en veinte minutos fue solo una burda mentira más del aparato represivo.

La realidad fue que el pastor, quien también lidera el Centro Bíblico Crecer, permaneció retenido hasta las 11:56 a.m., momento en que finalmente lo devolvieron al Templo de la Avenida 26, evidenciando una vez más la represión en Cuba como herramienta de control social y espiritual.

Un patrón de hostigamiento contra la fe

Esta arbitraria detención no constituye un hecho aislado. La comunidad eclesiástica denunció esta táctica como un patrón de comportamiento de una dictadura que teme a la fe.

“Una vez más, han escogido un domingo, día de culto y adoración, para citar e interrumpir el ministerio de un pastor, una práctica que se ha repetido en distintas ocasiones”, agregaron los denunciantes.

El antecedente inmediato del pastor Pérez se remonta a noviembre de 2021, cuando el régimen lo citó dos veces en una sola semana, una estrategia de desgaste psicológico común en este sistema dictatorial.

La represión en Cuba contra líderes religiosos se intensificó notablemente en los últimos tiempos. En marzo, las autoridades detuvieron a Rolando Pérez Lora en Matanzas; en abril, otro pastor sufrió arresto simplemente por orar en un espacio público.

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Más grave aún resultó el caso de mayo de 2025, cuando dos pastores en la Isla de la Juventud terminaron encarcelados por defender a su hijo en un juicio militar, enfrentando una petición fiscal de ocho años de privación de libertad.

Estadísticas de un sistema represor

Los números desnudan la magnitud del horror. Durante 2024, la Alianza de Cristianos de Cuba documentó 996 acciones de hostigamiento. Por su parte, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos registró 873 violaciones contra la libertad religiosa en 2025.

Solo en febrero de este año, la cifra ascendió a 231 violaciones, dejando claro que el régimen no tiene intención de detener su maquinaria de odio.

La comunidad internacional observa con alarma este deterioro, reflejado en que el país ocupa el puesto 24 en la Lista Mundial de la Persecución 2026 de Puertas Abiertas, un ranking que mide la hostilidad contra los creyentes.

La represión en Cuba funciona como un muro infranqueable que intenta silenciar toda conciencia moral. El caso del pastor Jatniel Pérez es solo un recordatorio de la vulnerabilidad en la que vive cualquier ciudadano bajo el puño castrista.

Este tipo de violencia se manifiesta sin tapujos, violando derechos fundamentales y despreciando la libertad de culto ante la mirada impotente de un sistema judicial que solo responde a las órdenes de la cúpula.

Ante este escenario, la represión en Cuba continuará siendo el sello de identidad de una casta que teme cualquier forma de organización civil.

Los defensores de los derechos humanos insisten en que estas tácticas buscan quebrar la resistencia de los líderes religiosos, pero la determinación de las víctimas se mantiene firme.

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