La unidad revolucionaria, esa masa compacta que en la Televisión Cubana parece marchar siempre al mismo paso, amaneció otra vez como realmente suele amanecer: fajada en Facebook, con indirectas, reclamos de respeto, mensajes de WhatsApp en tono de guapería, susceptibilidades de pasillo y un “mucho cuidado con el tono” en redes sociales que sonó menos a debate ideológico que a bronca de solar con carné del Partido.
El episodio de marras ha tenido como escenario una publicación de Michel E. Torres Corona, conocido por su participación en el programa oficialista Con Filo, donde varios usuarios comentaron una situación relacionada con una nota emitida por el Noticiero de la Televisión Cubana. En específico, la queja manifiesta días atrás sobre la noticia de la muerte de Ramiro Valdés Menéndez. El odiado presentador de Con Filo criticó al NTV que, en lugar de abrir el Noticiero con esa noticia, primero habló de otras cosas y luego dio a conocer la muerte del llamado “Charco de Sangre” (por la gente que fusiló y mató en vida desde su cargo al frente del MININT) como si hubiese sido la muerte de Don Juan de los Palotes.
Sin embargo, el intercambio de ahora, que pudo haber quedado en una explicación rutinaria, terminó convertido en una pequeña tormenta doméstica dentro del propio aparato propagandístico cubano.
Entre las primeras que apareció para hacerle la pala a Michelito estuvo Yahily Hernández Porto, reportera oficialista de Camagüey y corresponsal de Juventud Rebelde, según aparece identificada en medios estatales cubanos. No es una figura ajena al ecosistema de la prensa oficial: su nombre ha circulado otras veces en publicaciones críticas por esa manera tan peculiar de convertir siempre la precariedad nacional en virtud revolucionaria. Si ella no puede desayunar, dice que en Burundi hay niños que no comen. Si no puede cocinar con gas, dice que en África hay tribus que no conocen qué es el gas. Y así. Ella es así.
Yahily entró al hilo con una frase breve, pero cargada de esa indignación disciplinaria que tanto abunda en el oficialismo: “Sí. A mí me dio tremenda rabia. Una gran falta de respeto”.
La joven no explicó demasiado —tampoco puede, porque neuronas no tiene muchas— pero dejó claro que, en su criterio, algo se había salido del carril correcto.
Entonces apareció Esther González, locutora del Noticiero de la Televisión Cubana, para responderle a “Michelito” y a Yahily, y defender el procedimiento del informativo. Según se lee en la captura, Esther aseguró que “se informó al momento que llegó la nota” y que, para entonces, “ya el noticiero estaba al aire”. Luego vino la parte más reveladora contra Michel: “No entiendo cuál es la suspicacia y la falta de respeto. De verdad, que me disgusta que entre revolucionarios, estemos con estas sospechas”.

La frase merece ser enmarcada. “Entre revolucionarios”. Como si la condición de revolucionario obligara a no sospechar, a no preguntar, a no señalar errores, a aceptar que si el noticiero salió como salió, pues salió bien, porque lo importante no es la información sino la disciplina. Esther no solo defendía una nota; defendía la sacralidad del aparato. Y en ese aparato, la sospecha interna se tolera menos que la crítica externa.
Hasta ahí, la bronca iba subiendo de temperatura, pero todavía parecía controlada.
Sin embargo, Michelito decidió entrar directamente en el hilo. Torres Corona respondió a Esther con una mezcla de reproche y advertencia: “Te respondí por WhatsApp y ahora veo este comentario aquí. ¿Cuál fue mi falta de respeto? Mucho cuidado con el tono”.
Ahí se partió el dominó. ¿Qué sucedió? Aquí te lo cuento yo, que para eso soy el Rey del Chuchuchú.
Según me contaron mis superiores que tienen acceso a todo, incluso a lo que circula por Whatsapp, hubo un grupo de mensajes compartidos en privado y fuera de Facebook en los que Michelito y Esther se dijeron “cuatro cosas”.

A defenderla salió su esposo, quien aseguran lleva por dentro La Bayamesa, pero que no dejó que sopapearan al amor de su vida. Este amenazó a Michelito con darle una galleta donde se lo encuentre y hasta lo habría citado, a lo Fernando Rojas, al parque Línea y G para tirarse unos golpes.

Michelito no aceptó el combate cuerpo a cuerpo y decidió actual a la riposta, como si fuese Candelario Duvergel, y le envió la copia de los mensajes al mismísimo director del informativo. Este citó a todas las partes involucradas —Esther, marido y Michel— a una posible reunión el miércoles (o sea, mañana) en el NTV, a lo que Torres Corona dijo que no asistiría. No sabemos si por miedo que le exploten la cara o porque no le interesa seguir en el debate.
La revolución cubana, al final, vuelve a ofrecer una lección involuntaria. La unanimidad es muy bonita en pantalla, con música solemne y consignas bien editadas. Pero en Facebook, sin guion y sin control total del escenario, los compañeros se hablan como se hablan los mortales: con rabia, con ironía, con amenaza velada y con ganas de que alguien ponga orden.
De momento, lo único comprobable es el intercambio visible: Esther defendiendo al NTV y lamentando sospechas “entre revolucionarios”, y Michelito respondiendo con su famoso “mucho cuidado con el tono”. Y bueno, Yahily, hablando de “gran falta de respeto”, porque ella siempre quiere decir algo, aunque casi siempre sea una tontería.Lo demás queda en el terreno de las versiones privadas, aunque el chisme encaja demasiado bien con el paisaje.
Porque en Cuba podrá faltar casi todo, pero nunca falta una bronca entre revolucionarios convencidos de que el problema siempre es el tono del otro.