La presidenta comunista de México, Claudia Sheinbaum, confirmó este martes 17 de febrero que su gobierno no enviará petróleo a Cuba “por el momento”, en una decisión que refleja el peso creciente de la presión ejercida por Estados Unidos sobre los países que sostienen energéticamente al régimen de La Habana.
Durante su conferencia matutina, la mandataria señaló que México continuará enviando ayuda humanitaria —principalmente alimentos y otros insumos—, pero descartó, al menos de forma temporal, nuevos despachos de combustible hacia la isla.
“No por lo pronto no vamos a enviar combustibles, aunque tiene que quedar muy claro que nosotros no estamos de acuerdo con esta imposición de aranceles a los países que envían petróleo a Cuba”, precisó Sheinbaum.
El anuncio se produce en medio de advertencias desde Washington sobre posibles medidas económicas contra gobiernos o empresas que participen en el suministro de crudo al aparato estatal cubano. La administración estadounidense ha dejado claro que considera esos envíos como un salvavidas financiero para el régimen, que atraviesa una severa crisis energética y económica.
La decisión de Sheinbaum marca un giro relevante en la relación energética entre ambos países. En años recientes, México había enviado cargamentos de combustible a Cuba, contribuyendo a aliviar parcialmente los apagones y la escasez de diésel que golpean a la población cubana. Sin embargo, el endurecimiento del contexto geopolítico y el riesgo de sanciones parecen haber modificado el cálculo político en Ciudad de México.
Mientras La Habana enfrenta apagones prolongados, paralización industrial y creciente malestar social, la negativa mexicana a suministrar petróleo supone un revés estratégico para el régimen. La crisis energética en la isla no solo afecta el transporte y la generación eléctrica, sino que impacta directamente la capacidad del Estado para sostener su aparato de control interno.
Aunque Sheinbaum defendió el principio de autodeterminación y reiteró que México no busca injerencias, el hecho concreto es que la advertencia estadounidense está produciendo efectos visibles en la política energética regional.
La suspensión “por el momento” del envío de petróleo no significa una ruptura diplomática, pero sí evidencia que el margen de maniobra para sostener al sistema cubano desde el exterior se estrecha bajo presión internacional.
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Redacción Cubanos por el Mundo