El presidente de Cuba mantiene a la vieja guardia tras el VII Congreso del Partido Comunista para controlar el «rejuvenecimiento» en el poder y el posible ascenso de su hijo Alejandro
La mirada de Fidel
Más de 57 años después, los líderes de la revolución siguen acaparando el poder en Cuba. Raúl Castro, bajo la atenta mirada de su hermano Fidel, ha resultado reelegido este martes primer secretario del Partido Comunista en el VII Congreso de la única organización política del país, tras el cual la vieja guardia sigue copando los principales puestos directivos.
Los cambios en el Buró Político y en el Comité Central han sido mínimos y el relevo generacional por el que abogó el presidente del país en el discurso inaugural del cónclave se producirá de una forma gradual con el objetivo de que sea un proceso controlado.
Entre tanto, se realizarán retoques en el sistema económico para adaptarse a los nuevos tiempos, pero sin salirse ni un milímetro de los principios comunistas de la revolución, según los mensajes que tanto Raúl como Fidel Castro han lanzado durante estos días en el primer Congreso que se celebra desde que se restablecieran relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.
Una sucesión controlada
Raúl Castro es consciente de que su edad –cerca de 85 años– hace necesario pensar en su relevo al frente del poder. Ya había anunciado que en 2018 dejaría la presidencia y durante la apertura del VII Congreso del Partido Comunista señaló que ahora se abre un “quinquenio de tránsito para no hacer las cosas corriendo», sin que sea «quitar a uno para poner a otro que tiene 10 años menos» y haciendo que «fluya con naturalidad».
En este sentido, entre los miembros del Buró Político, el núcleo de poder del partido, se ha mantenido la vieja guardia, empezando por la propia reelección de Raúl Castro como primer secretario y continuando por la del segundo secretario, José Ramón Machado Ventura, de 85 años.
Algunos de los “jóvenes” con posibilidades de ascenso, como el primer vicepresidente, Miguel Díaz Canel; el presidente del conglomerado empresarial Gaesa, Luis Alberto Rodríguez López Callejas; el jefe del Estado Mayor, el general Álvaro López Miera, o el mismo hijo de Raúl Castro, Alejandro, actual responsable de la contrainteligencia, siguen esperando su momento.
Alejandro Castro, a la espera
Alejandro Castro Espín, hijo del presidente cubano, no forma parte por el momento de forma oficial de la cúpula del Partido Comunista. Sin embargo, su padre le viene otorgando en los últimos tiempos un gran protagonismo en los actos oficiales y los analistas, sin atreverse a garantizar que vaya ser el futuro líder del país, sí le otorgan al menos un papel clave en el proceso transitorio. De hecho, hay quienes lo señalan como uno de los principales interlocutores en las conversaciones que llevaron al deshielo en las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU.
En la actualidad, es el responsable de la contrainteligencia policial y militar a través de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional y su próximo paso en su ascenso dentro del aparato del régimen podría ser el nombramiento como ministro del Interior.
Quien ocupa esa cartera en la actualidad es Carlos Fernández Gondín, quien supuestamente tuvo un problema de salud al sufrir un ataque cibernático en el Ministerio, por lo que en la práctica su puesto parece vacante.
Raúl Castro ha dejado claro durante el Congreso que el incremento de negocios particulares en Cuba y el restablecimiento de lazos con EEUU no significan que se pueda esperar una apertura demócratica ni cambios en el modelo político más allá de un “perfeccionamiento” en materia económica.
Según dejó sentado ya en el discurso de apertura, la proliferación de pequeñas y medianas empresas en la isla no supone la “restauración del capitalismo“.
Además, señaló, no debe pretenderse que para la normalización de relaciones con su antiguo enemigo norteamericano “renuncie a los principios de la Revolución ni realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia”.
Más aún, Castro planteó que en las reformas constitucionales que se abordarán se ratificará el “carácter irrevocable” del actual sistema político y social, que “incluye el papel dirigente del Partido Comunista de Cuba“, recordó.
Límites de edad en los cargos políticos
El “rejuvenecimiento” del sistema por el que abogó Raúl Castro pasa por el establecimiento de unos límites de edad para ocupar cargos en el Partido Comunista y en el gobierno. Como justificación, recordó que al final de la etapa de la Unión Soviética, murieron en un corto periodo de tiempo tres primeros secretarios del Comité Central del partido.
En este sentido, se establecerá en Cuba los 60 años como edad máxima para ingresar al Comité Central del partido y hasta 70 años para desempeñar cargos de dirección en esta organización. A ello se suma la limitación de hasta dos períodos consecutivos para ocupar responsabilidades políticas.
Además, la idea es aplicar esos límites a las instituciones estatales, gubernamentales y las organizaciones de masas, señaló.
El abogado Juan Juan Almeida, dijo este miércoles en entrevista con TV Martí que documentos filtrados al Ministerio del Interior cubano revelarían datos sobre “operaciones de Cuba en el exterior”, y sobre fugitivos de la justicia estadounidense refugiados en la isla