La hospitalidad se extingue en el campo y “sí se puede esconder el caldero, se esconde”
Un anciano asegura que cualquier persona que llegara a la casa se le ofrecía al menos una taza de café, y sí se quedaba a conversar, se le pedía quedarse a almorzar. En cualquier caso, la llegada inesperada no sería compensada con menos de un plato de harina con boniato y leche