Han pasado casi tres años desde que Elon Musk presentó al concepto Hyperloop, un revolucionario sistema de transporte que promete una velocidad máxima de hasta 1.200 kilómetros por hora en el mejor de los casos. Unir a Los Ángeles y San Francisco en treinta minutos no es una tarea menor (el promedio para un avión comercial es de 56 minutos «en el aire», si todo sale bien), en especial cuando colocamos sobre la mesa (además de las lógicas barreras técnicas) todos esos detalles que suelen escapar a los medios especializados, como el costo real, los permisos y los contratos.
Pero Hyperloop tuvo su demostración… más o menos. Una de las compañías decididas a seguir la idea de Musk, Hyperloop One, llevó una significativa cantidad de personas al desierto de Nevada para que sean testigos de la primera prueba pública vinculada a esta tecnología.
Sí, eso es todo. La POAT, siglas para «Propulsion Open Air Test» nos enseñó algo así como un trineo acelerado a 180 kilómetros por hora en dos segundos. El motor funciona, el trineo se desliza, y dentro de un tubo sellado de baja presión, los teóricos 1.200 kilómetros por hora «podrían» hacerse realidad. Sin embargo, en la Web están convencidos de que el departamento de relaciones públicas deHyperloop One hizo «demasiado bien» su trabajo. Las comparaciones con «una montaña rusa anémica» y «otro maglev más» fueron inevitables. Y el detalle de que ni siquiera tiene un freno formal (ese es el trabajo de la arena que vemos volando en el vídeo) básicamente selló el sentimiento general.