Triunfan Maduro y el Vaticano: sufre #Venezuela

Pedro Conde Regardiz

Para comentar recientes hechos políticos como espectador progresista, conviene citar que en el Inferno de la Divina Comedia, Dante describe a Ulises navegando al través de los Pilares de Hércules (la roca de Gibraltar y las montañas adyacentes de África del Norte, en el lado oeste del mar Mediterráneo), en búsqueda de conocimiento, y fue castigado por haber transgredido el plan de Dios con un ventarrón que arruinó su barco y la tripulación. Valga esta cita de la literatura universal para afirmar que la MUD al aceptar el diálogo inútil e ineficaz, propuesto por el desgobierno desesperado, violentó el plan del pueblo venezolano que se concreta en su ansiada aspiración del referéndum revocatorio o de elecciones generales por decisión política, para reorganizar la República a causa de los destrozos institucionales que arrojaron los intentos por establecer un régimen de partido único, y por lo cual MUD recibe como castigo el desprecio generalizado de los venezolanos, pues quedó evidente su cinismo y politiquería avalados por el Vaticano, siendo un logro de Maduro que MUD se desprestigie debido a la insensatez e imprudencia que privan en esa organización.

El triunfo de Maduro, esto es, su prolongación agónica en el poder, viene realizándose desde hace rato y se consolida con la “muleta” del Vaticano, que logró “comprar” en visita rápida y desesperada a la sede de San Pedro, pues obtuvo en el primer encuentro la instrumentación de cuatro comisiones que calcan en lenguaje y objetivos las que reiteradamente Maduro había propuesto en sus aburridas cadenas de televisión; por ello, se menciona el eufemismo “privados de libertad”, que son más de 50 mil malandros detenidos, y no de presos políticos, que son 114; impuso la tal comisión de la verdad que busca, tal vez por imposición vengativa de Cuba, condenar a los venezolanos, ante todo militares, que lucharon contra y derrotaron a la guerrilla castro-comunista durante los gobiernos legítimos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, siendo eso, me atrevería a pensar que es el verdadero fin de este tinglado mal llamado diálogo.

Toda la fraseología adornante implicaría que Maduro y su régimen dictatorial se transformen en demócratas (la palabra “libertad” ni la expresión “misión humanitaria” no aparecen por ninguna parte), lo cual es imposible por confesión propia al insistir en una presunta radicalización de la pretendida revolución que significa seguir destruyendo la institucionalidad y la armonía sistémica y compleja de la sociedad venezolana, para lo cual se presta la MUD, puesto que sus estrategias implican convivir con el régimen, sobre todo, como es costumbre en el chavismo, con mucho dinero por delante.

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