Osmel Ramírez Álvarez
HAVANA TIMES — Con el nivel más alto fue recibido el presidente cubano Raúl Castro en París, la capital de Francia. En visita oficial está ejecutando un complejo y majestuoso itinerario protocolar. Pero lo que más interesa es el tema económico. Referencia obligada en los discursos es el acuerdo cubano con el Club de París y las oportunidades que se avecinan con las nuevas relaciones con los EUA.
Francia se presenta como la puerta para que Cuba entre finalmente triunfante al comercio abierto con la Unión Europea. Atrás queda la conocida y antes defendida “posición común” con los EUA para sumarse al bloqueo. Hollande definió la nueva situación muy claramente: ahora importa más lo que nos une, no lo que nos diferencia.
Claro que el bloqueo es injusto y nunca debió existir. No comerciar es una decisión soberana, pero impedir que otros lo hagan y perseguir punitivamente a quien lo hace, es un acto de guerra. Es ahí donde la palabra bloqueo se ajusta más que embargo. Además no tiene ningún saldo positivo ni para los estadounidenses ni para los cubanos. El bloqueo ha debilitado la economía cubana, pero al Gobierno lo ha fortalecido.
Hasta emociona en lo patriótico escuchar un recuento histórico de boca de un presidente francés, alegando contactos interculturales. Pero no puede dejar de sentirse una atmósfera extraña, como si se pasara de lo sublime a lo ridículo o viceversa. No importa el orden, se trata de ir de un extremo a otro.
Ayer todo lo que importaba eran la democracia en Cuba y los derechos humanos elementales que se violan; hoy nada de eso importa, solo aquello “que nos une”: léase oportunidades de negocios. Me repugnan los extremos, prefiero una posición equilibrada y justa. Pero parece que el mundo va caminando así, por un lado o por el otro, nunca por el centro, que obviamente sería lo mejor.
Raúl Castro es un presidente legitimado internacionalmente, lo cual no significa que sea legítimo. Espero que un día consulte al pueblo directamente, en igualdad de condiciones que sus adversarios. Hasta sería bueno que saliera electo.
Bienvenido el acercamiento de Francia y con ello el de la Unión Europea; bienvenidas las nuevas relaciones con los EUA y hasta el casi seguro fin del bloqueo; bienvenido todo lo que Raúl pueda hacer por el bien de nuestra economía dentro del mismo sistema que la destrozó. Evidentemente el viejo modelo maquillado no podrá sacarnos por sí mismo del atolladero, pero adelantará las bases de un futuro engrandecimiento cuando se rectifique adecuadamente el camino.
Solo se podría criticar ese punto, el de ubicar los derechos legítimos de un pueblo en el difuso grupo de “aquello que nos separa”. Claro que jamás una potencia ha defendido la libertad de un pequeño pueblo sin que sus intereses estén involucrados. Tampoco los más poderosos lo han pensado dos veces para tolerar gobiernos despóticos a cambio de privilegios económicos para su empresariado, que al final es quien manda en la democracia del dinero.
Inglaterra no apoyó la fundación de repúblicas independientes en Hispanoamérica por simple altruismo, también necesitaba esos mercados para su naciente industria. Gadafi fue tolerado, Saddam Hussein también y hasta Pinochet, por solo citar algunos ejemplos.
Raúl es un presidente legitimado internacionalmente, lo cual no significa que sea legítimo. Espero que un día consulte al pueblo directamente, en igualdad de condiciones que sus adversarios. Hasta sería bueno que saliera electo. Quizás con ese aval sea un conductor mejor aún para la nación, al trocar el comprometimiento ideológico con la Revolución por el compromiso moral con su electorado.
Bellas las banderas de Cuba y Francia unidas, con sus mismos colores. Conmovedoras las palabras de ambos presidentes. Halagüeñas las posibilidades de negocios que se abren. Los buenos cubanos agradecemos todo lo bueno que le sucede a Cuba.
La sagrada batalla de forjar una Cuba mejor, “con todos y para el bien de todos”, continúa siendo necesaria, ahora tal vez más que nunca. A trabajar, a sembrar ideas justas y a forjar un camino sin odios ni extremismos. Martí dijo también: “Una idea justa, desde el fondo de una cueva vale más que un batallón de acorazados”.
Así ha de ser la causa que defendemos: justa y equilibrada. Más aún en este nuevo escenario que se nos avecina.
