
Ayer, en un artículo publicado en Cubadebate, bajo el título “La Embajada cubana pendiente de nacionales en Costa Rica, afirma Granma”, se actualiza la cifra de cubanos “que se encuentran varados en Costa Rica con intención de emigrar hacia EEUU”, pues los “medios locales en Costa Rica reportan que el número de cubanos que arriban a sus fronteras continúa aumentando y ya suman cerca de 2 500”.
Más adelante, otro momento del texto, presenta del siguiente modo la matemática de la actual situación:
“Según estimaciones, cada uno de ellos pagaría entre 7 000 y 10 000 dólares en diferentes puntos del trayecto, dejando una estela que solo en lo que va del 2015 podría ascender a 30 millones de dólares. Ese lucrativo negocio ha sido acaparado por traficantes de personas y bandas delincuenciales, que no dudan en poner en riesgo la vida de los migrantes.”
Si vuelvo todo esto de revés, ¿30 millones de dólares en sólo unos meses…., pudieran haber sido invertidos en la economía del país en lugar de ser usados para la salida del país? O sea, no pensar en esta cantidad, sino transformarla en la punta de un iceberg cuya masa significativa no se ve.
Si, mediante un ejercicio de imaginación, se nos ocurre poner el presente de cabeza es posible entonces multiplicar las preguntas: ¿podría haber un marco jurídico, las garantías necesarias, etc., para que el país -en paralelo con los modelos de inversión extranjera que las nuevas políticas están deseando- aceptara la inversión en niveles micro, más próximos a la economía barrial y a la transformación inmediata de la vida cotidiana? ¿Cómo podrán (más bien, podrían) los nacionales cubanos participar de “su” reforma?
Además de todas las lógicas del enfrentamiento político-ideológico, en sus actuales variantes, ¿no significa esto, también, que el modelo de reformas cubanas se apunta a una especie de “teoría de la copa”? O sea, que es necesario esperar a que el Estado -después de largos años de inyección de dinero masivo en los proyectos de punta que elija, y luego de que estos reporten los beneficios esperados- se encuentre en condiciones de mejorar la distribución de la riqueza nacional.
Puesto que en los muy escasos días que han pasado, desde el inicio de la crisis hasta hoy, el número del grupo ha aumentado en una séptima parte, es de suponer que es muy posible que continúe creciendo. A pesar de los acuerdos diplomáticos que se vayan tomando para propiciar la “emigración legal, segura y ordenada”, sobre todo cuando el fondo de la crisis real es duramente económico. Tal y como afirma el ensayista cubano Alfredo Prieto, en su reciente artículo “El camino de los cuates”:
“Un análisis medianamente equilibrado del problema no puede pasar por alto que la lentitud de las reformas raulistas –“sin pausa pero sin prisa”– y su falta de resultados concretos en la mesa y la vida cotidiana han conducido a la desesperanza y, por consiguiente, la idea de que largarse de esa isla que se repite es la única manera de evadir un futuro incierto…” http://www.7dias.com.d /…/21/i200776_camino-los-cuates.html…
La consecuencia final de ello sería que:
“…quienes se van por ahí son los perdedores de las reformas, trabajadores estatales con salarios menos que simbólicos, desempleados, subempleados, menesterosos de los barrios y de la Cuba profunda…”
La manera de procesar los acontecimientos la sabemos por las noticias en los medios de comunicación cubanos, la declaración oficial del MINREX y el desplazamiento del Ministro de Relaciones Exteriores hacia las zonas de fricción: Ecuador y Nicaragua.
Pero, en el lenguaje popular cubano, esas son “curitas”. Lo que importa saber, porque nos habla de años y de millones, es cuáles van a ser -después de esto- las correcciones introducidas a la Reforma; o si lo que se pide es que sigamos, sin horizonte de mejora alguno, esperando tranquilos.