El trabajo por “cuenta propia” en Cuba, algunas veces te lleva a realizar extrañas tareas y cuidar baños es una de ellas, lo más extraño es que es una actividad que está autorizada por el régimen de la Isla.
La mayoría que ejerce esta profesión son mujeres mayores, casi siempre jubiladas, quienes se sientan a la entrada de baños de hoteles, cafeterías, restaurantes, hospitales y otros establecimientos públicos y cobran por el uso de los servicios. Generalmente no exigen una tarifa fija, aunque los usuarios acostumbran a dejar, como mínimo, un peso (moneda nacional) o cinco centavos de CUC.
El pago rara vez se entrega en la mano de la cuidadora, pues ella se ocupa de habilitar un platico o algún otro recipiente similar para que el cliente ponga el dinero. En dependencia del baño, la cuidadora entrega al usuario un pedacito de papel sanitario o no.
En cafeterías estatales, como la de la pastelería francesa de la acera del Louvre, el papel sanitario siempre está en manos de la cuidadora. Esto es como medida de precaución según ellas.
Si dejo el rollo en el baño, se lo llevan
¿Por qué existe?
En algunos hoteles, los baños son limpiados por las mismas personas que servicio, sin embargo en otros establecimientos y sitios públicos, esta labor a realizar la “cuidadora de baños”.
En algunos lugares, sobre todo en hoteles, hay empleadas de limpieza que se ocupan del baño y entonces no hay cuidadora. Pero aquí, la que me encargo de la limpieza soy yo, que soy cuentapropista
Esta mujer afirma que el cuidar baños, le ayuda a tener un ingreso extra y de esa manera costea los gastos operativos de la licencia.
El salario que recibo por limpiar es lo que la gente me deja en el platico. Con eso es que pago mi licencia en la ONAT y también le pago a la Oficina del Historiador. Por suerte, el hotel pone el papel sanitario y los implementos de limpieza
En restaurantes y cafeterías es diferente. Una de las cuidadoras del baño del café Escorial, en la Plaza Vieja, explica a una clienta
Mi salario es lo que ustedes me dejan, igual que el de todas las demás. Pagamos a la ONAT, a la Oficina del Historiador y compramos los productos de limpieza, el cloro, el ambientador, el desincrustante. Hasta el papel sanitario y las frazadas de piso los compramos nosotras.
En la ciudad existen pocos baños públicos que no pertenezcan a establecimientos de gastronomía u otros. Estos son administrados por la empresa de Comunales, que los arrienda a cuentapropistas para su explotación. En el del Parque del Quijote, en 23 y J, Vedado, una trabajadora enumera los pagos
Primero está el arrendamiento, que se le paga a Comunales. Este baño lo arrienda una cooperativa de tres personas. También hay que pagar a la ONAT por la licencia de los tres y, si se contrata algún otro trabajador, hay que pagar más, porque Fidel y Raúl no pierden
En ese baño las cuidadoras no ofrecen papel sanitario a los clientes, ni lo hay dentro del baño, pero esto disminuye mínimamente los gastos.
Primero hubo que arreglar los baños y fue una inversión bastante fuerte. Hay que pagar el agua y la electricidad y todos los productos y los implementos de limpieza. Si se rompe una taza, pagamos la nueva y al trabajador que la instale. Si se rompe una tubería o hay un salidero, lo mismo. Todo sale del bolsillo de nosotros. Comunales nada más que se sienta y nos cobra la licencia.
¿Cómo es el trabajo?
Para Calixto García, cuidar baños no es solo sentarse y esperar el pago como piensa la gente. Él trabaja en el baño de un hospital y afirma que limpiarlo es una de las cosas más difíciles que hay.
Para colmo, no tiene agua corriente. Las cuidadoras tienen que llenar un cubo en una llave ubicada fuera del baño y con él descargar la taza cada vez que alguien la usa. Para una anciana no es un trabajo nada cómodo.
“Por suerte aquí hay agua corriente y no tengo que cargar cubos”, dice una cuidadora que trabaja en el baño de una céntrica cafetería del Vedado. “Pero es un trabajo bastante desagradable. Limpiar el baño de tu casa ya es pesado, imagínate limpiar uno que usa gente que no es familia tuya. Eso sin contar que muchos hacen sus necesidades fuera de la taza; no sé, puede ser que estén mal del estómago y no les dé tiempo a sentarse, o lo harán a propósito. El caso es que todo ese embarre lo tengo que limpiar yo. Y no pasa una vez, pasa bastante seguido”.
Una cuidadora de un baño en la Habana Vieja dice haber pasado por situaciones parecidas. “Lo peor son los borrachos”, comenta. “En esta zona hay muchos bares y está la casa de la cerveza cerquita. Viene gente borracha de cualquier lugar cercano. No solo orinan fuera, también vomitan. Dentro o fuera, no importa, limpiar eso es lo más desagradable que hay”.
Estas trabajadoras, como cualquier cuentapropista, son objeto de inspecciones por parte del Poder Popular de los municipios donde trabajan.
“El baño tiene que estar limpio, por supuesto”, coinciden todas. Pero lograr la limpieza que puede exigir un inspector estatal no es igual de sencillo para unas y otras. Las que trabajan en hoteles cuentan con instalaciones sanitarias mejor cuidadas y con implementos de limpieza de mayor calidad. Las de cafeterías y hospitales tienen que hacer magia para que el baño luzca lo mejor posible.
“No es lo mismo el baño del Habana Libre que el de Café G”, comenta la cuidadora del Parque del Quijote.
Aun así, hay usuarios que se quejan del pago que tienen que dejar en los baños públicos y muchos ven mal que las cuidadoras de sitios frecuentados por extranjeros mantengan en su plato monedas de 25 centavos CUC y hasta de 1 CUC, para incitar a los clientes a dejar una propina mayor.
“Que prueben a hacer el trabajo que hacemos nosotras”, es lo que responden casi todas. “La mayoría de la gente no lo haría aunque cada cliente les dejara un dólar”.
Con información de Diario de Cuba