
Salvada la vida, más no la casa. Un verdadero drama en un país donde ni con 10 años de salario podrías costear una vivienda digna, lo perdido y ahora añorado por miles de cubanos que hoy ven su hogar devastado.
La madera flota y entre escombros ven sus hogares destruidos. El oriente de Cuba afronta la tristeza de ver en el suelo los cimientos de un hogar, historias y lo mucho o poco que les pertenece.
Matthew llegó y se lo llevó todo a su paso. Con sus vientos huracanados y un mar bravo, amenazó y cumplió derrumbando todo. Los cubanos residen en un país castigado habitualmente por ciclones, donde ser solidarios, es la única opción.
Más de 1,3 millones de personas fueron evacuadas. En Haití, al menos 264 personas murieron y hoy pide con urgencia ayuda internacional.
Aunque Cuba no cuenta víctimas por el descomunal castigo del ciclón, si enfrenta daños enormes y recién empiezan a ser cuantificados, con estructuras de mucha antigüedad.

Baracoa, ciudad de más de 500 años, es una de los más afectadas y aún permanece sin comunicación terrestre. No hay comida, ni agua potable. Mientras, cubanos solidarios abren las puertas de sus hogares para albergar a sus compatriotas.